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Martes, 14 de Agosto 2018

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México y Estados Unidos, periodo crucial

Por: Luis Ernesto Salomón

México y Estados Unidos, periodo crucial

México y Estados Unidos, periodo crucial

Desde la guerra de 1847 la relación entre México y Estados Unidos es una de las complejas y profundas en la diplomacia global. El resentimiento por la invasión, la pérdida del territorio, las intervenciones en los movimientos armados, los rumores de la participación en la muerte de Madero y Pino Suárez, fueron construyendo un ánimo antinorteamericano que llegó a sus puntos culminantes en 1938 con la expropiación petrolera y con los desvaríos del movimiento de países no alineados, con las relaciones con Cuba y la URSS, en los años setenta.

Al mismo tiempo se gestó una compleja imbricación social con la migración progresiva que se inició a mediados del siglo XX y que ha conformado un hecho social presente en todo el territorio continental de los vecinos: la diáspora mexicana que ha hecho que hoy exista una comunidad mexicana en prácticamente todas las ciudades importantes y en todos los estados. Un hecho que encendió las alarmas en los años 90 con la publicación del libro de Samuel Huntington, en donde consideró a la ola migratoria como una amenaza a la esencia y la identidad de los Estados Unidos.

Con el abono de la descripción de Alan Riding con “Vecinos Distantes” y muchos otros textos, algunos sectores conservadores norteamericanos han desarrollado su actitud antimexicana, al grado que Donald Trump la convirtió en un eje temático de su campaña y de su narrativa de Gobierno.

Viene al caso recordar estos hechos porque en esta semana el Presidente Peña Nieto se vio precisado a emitir un video mediante el que exige respeto a la dignidad de México y, por primera vez, se refiere a las “frustraciones” de Trump, provocadas el envío de tropas a la frontera.

Más allá del impacto mediático y el respaldo político de los candidatos a la Presidencia, conviene leer el contexto general en el que se desarrollan los hechos para tratar de entender de mejor forma la importancia de los momentos que vive la relación entre las dos naciones.

En primer lugar hay que resaltar que el Senado mexicano emite una resolución para pedir que se retire la cooperación en materia de seguridad con Estados Unidos, y expresamente el mensaje del Presidente Peña lo respalda, seguramente para dar peso a la posición negociadora. Enseguida se filtra la noticia de los avances en las negociaciones para la modernización del TLCAN en Washington.

Luego, según notas de prensa publicadas el sábado, aparece el secretario de Gobernación para anunciar que el Gobierno analiza la propuesta del Senado y declara que se ha llamado a consultas a la embajadora de Estados Unidos. Un hecho sin precedente en la relación diplomática, para pedir explicación por las declaraciones de Trump con respecto a que mujeres son violadas “como nunca se ha visto” en el desarrollo de las caravanas de centroamericanos que viajan por el territorio nacional.

Aún no hay reacción oficial ni al mensaje de Peña Nieto, ni a la supuesta llamada a consultas, que llama la atención sea anunciada por el secretario de Gobernación y no por la Cancillería. Lo único que ha sucedido es la publicación de una lista de mexicanos señalados por el Departamento del Tesoro como colaboradores del crimen. Y el despliegue de los primeros efectivos en la frontera autorizada por el Departamento de defensa para hasta 4,000 efectivos de la Guardia Nacional para apoyar la “misión de seguridad de la frontera sur del Departamento de Seguridad Nacional bajo el mando y control de sus respectivos gobernadores hasta el 30 de septiembre de 2018”.

Visto con la perspectiva de una negociación mucho más allá de los temas comerciales, en donde pareciera que las cosas van a marchar por un acuerdo de principios; la situación se ha vuelto compleja en los temas de seguridad y migración, en los que México es especialmente vulnerable. Esto sumado al desarrollo de la campaña electoral, coloca a las autoridades ante la necesidad de escalar la dureza en el trato para mantener una interlocución sólida y apostar a que la respuesta sea razonable.

Pero cabe la posibilidad de que la respuesta no sea ni tan razonable ni tan conveniente y que lo que se busque desde el otro lado de la mesa sea establecer nuevas condiciones con el que será el próximo Gobierno y necesitará del aval simbólico de la “felicitación” o reconocimiento al día siguiente de la elección.

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