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Martes, 21 de Agosto 2018

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Los militantes no sufren

Por: Ivabelle Arroyo

Los militantes no sufren

Los militantes no sufren

¿Se han fijado que hay un sector de la población, un grupo de mexicanos, que no siente zozobra ante la idea de enfrentarse a una boleta en el 2018? Son los felices convencidos, los priistas de siempre, los panistas de toda la vida, los perredistas de sangre añeja, los militantes de verdad.

Hay que envidiarles, de verdad. Son mexicanos que no esperan a ver quién será el candidato, si se pronuncia su nombre Mid o si proviene originalmente de otro partido. Son soldados de instituciones ideológicas, enemigos de verdad del enemigo de su partido, mexicanos menos enojados y mucho más convencidos de que se puede trabajar por un país mejor si se hace con las recetas de su partido. 

Algunos son mejores militantes que otros. Algunos han estudiado los estatutos e incluso han tocado las puertas del PAN, del PRI, del PRD o de MC para afiliarse. Algunos han pasado pruebas y otros más, aunque no lo crean, han puesto su dinero y su tiempo para que la forma de gobernar llegue a ser como la plantea su partido. 

Hay que envidiarles, en serio. Viven con la tranquilidad de saber en qué casilla marcarán su voto. No andan en las sobremesas diciendo que esto está horrible, que no saben si por primera vez votarán por el PRI, pero que se habían prometido que nunca votarían por el PRI. Del partido que sea, son militantes o simpatizantes que, en el peor de los casos, conocen los colores de su equipo. En el mejor de los casos, se saben las cifras sobre seguridad, devaluación, luminarias o alarmas vecinales de los últimos gobiernos, para convencerse y convencer a los demás de que sus gobernantes han sido los buenos. 

Esos mexicanos no son malos. Al contrario, son los ciudadanos más politizados y más útiles para la democracia, y son cada vez menos. En el mundo entero, la democracia tiene desencantada a la población, las elecciones han perdido votantes y, lo peor de todo: los partidos han perdido militantes, lo que quiere decir que han perdido su motor.     

No es descabellado afirmar que si la mayoría de los mexicanos cultivara el amor por un partido, por una forma (azul, amarilla, roja o nueva) de hacer las cosas tendríamos mejores legisladores. Porque asomarse en la elección, pelearse con la familia porque López Obrador dice sandeces, Meade pertenece a un equipo poco confiable o Anaya no sabe tocar el teclado, nos sale muy caro. No sólo eso, nos puede avergonzar pues perdemos contacto con el animal elegido y sus acciones, al parecer, dejan de ser nuestra incumbencia.

No se trata de que todos se interesen por la política todo el tiempo. No, cada quien tiene sus cosas qué hacer. Pero afiliarse y estar permanentemente enterados, con una liga con las instituciones partidistas (no importa si es Morena o Wikipolítica), es una buena manera de evitar la degradación democrática y de bajar los espectaculares costos de nuestras elecciones. Afiliarse es la mejor y más eficiente manera de hacer que sus anhelos de gobierno se vuelvan realidad y la única forma de controlar a los partidos.

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