La pregunta es muy tentadora, pues parece que somos un pueblo que busca líderes, caudillos, tlatoanis, guías o a alguien a quien admirar y seguir.Parece que está escrito en nuestro inconsciente colectivo, que somos un pueblo que le gusta sentir que alguien más lo conduce y lo lleva por un camino de esperanza y bienestar.Una extraña sensación de estar esperando a que alguien nos venga a salvar de las tragedias y conflictos en los que vivimos.Como si se tratara de invocar las fuerzas mágicas de un mago que tenga las soluciones a nuestros problemas y nosotros no hacer nada más que esperar a que llegue la salvación.Transitamos entre la crítica severa y descalificación artera, contra lo que no nos parece; pero nos cuesta mucho trabajo participar para evitar las injusticias y los abusos del poder.Parece que nuestra apatía se refugia en los temores que nos llevan a escondernos y a no hacer nada, esperando que el mal tiempo se retire, como sucede con los temblores o huracanes.Por doquier, se hace la reiterada invitación a participar en la política, a renovar o sacar la credencial para votar, o a que estés más al tanto de lo que acontece en el país. Y todo, porque se respira un entorno de indiferencia, de “valemadridismo”, de sentir que son puras exageraciones.Sin líderes, caudillos o personas con carisma e iniciativa, resulta que la gente no se mueve, se queda quieta, no sale de su mundo privado. No le interesa ni le importa la vida pública.Si es un auténtico drama, que seguramente viene inscrito en nuestra cultura por muchos siglos atrás.Hay un punto de quiebre en donde el hartazgo, como si se tratara de aire comprimido, de repente se destapa y explota como el magma de Don Goyo.Muy pocos tienen la consciencia de ver lo que está pasando y mirar las consecuencias. Pero la mayoría no hace nada ni meterá las manos, porque aguantamos mucho y ni nos importa lo que está sucediendo, “puro cuento”, alarmismo e inconformidad de unos cuantos que dicen que están más enterados que la mayoría. Pero son igual de escandalosos y mentirosos que los que están en el gobierno.En el México, de que nadie hace nada, sólo la campana de dolores o el grito de Zapata y los arranques de Villa, han incitado las pasiones del pueblo a participar en un movimiento como el que motivó Madero.Pero si nos fijamos bien, es debido a un líder, a un caudillo, a un incitador que empuja a que la gente se alebreste y monte en cólera. Y entonces sí sale el mexicano brioso y agresivo, el bélico, el combativo, el revolucionario o cristero. El de León Toral, que saca su valentía desde su fe y amor a México, para quitarle la vida al General Obregón.Sí, el mexicano vive en pausa, reprimido, ausente, ignorante, apático, pero cuando se harta entonces sí mete la mano, pero con violencia y enojo.¿Qué tan cerca estamos de la explosión, o seguiremos dormidos?