Miércoles, 22 de Enero 2020
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Los libros, un depósito de la cultura

Por: Guillermo Dellamary

Los libros, un depósito de la cultura

Los libros, un depósito de la cultura

Es una de las fiestas más importantes que vivimos, año con año, en esta perla tapatía, la Feria Internacional del libro. Un evento que aglutina la fuerza de nuestra cultura y convoca a la unidad del mundo hispanoparlante, en el empeño por construir y crear un mundo mejor.

A decir de Edgar Morin: “El humano es un ser plenamente biológico y plenamente cultural, que lleva en sí esta unidualidad originaria. Es un súper y un hiper viviente: ha desarrollado de manera sorprendente las potencialidades de la vida. Expresa de manera hipertrofia de las cualidades egocéntrica y altruistas del individuo, alcanza paroxismos de vida en el éxtasis y en la embriaguez, hierve de ardores orgiásticos y orgásmicos; es en esta hiper vitalidad que el homo sapiens es también homo demens.”

El hombre al fin libre de elegir la ruta de su sabiduría o persistir en la decadencia de su propia demencia. Tantos miles de libros, exquisito banquete para la cultura personal, y seguir a dieta y hasta en franca abstinencia.

Tener a la mano las caricias de la palabra y los nutrientes del verbo y la sinalefa y aun así mirar las ideas con desdén y frivolidad, y perder la gran oportunidad de llevarse un bocado de frescos pensamientos, al exquisito paladar de nuestra sapiensa.

Llevamos en nuestro seno el delicioso apetito por la cultura y en ocasiones preferimos elegir lo mundano e intrascendente, en vez de edificar experiencias que iluminen nuestra oscura ignorancia.

Por eso Morin nos avisa: “El hombre es pues un ser plenamente biológico, pero si no dispusiera plenamente de la cultura sería un primate del más bajo rango.”

En la FIL esta parte del alimento que nos aleja de una vida intelectual magra y vulnerable, un menú interminable de imaginación, creatividad, experiencias y reflexiones que nos pueden enriquecer y ayudar a transitar de una manera mejor y distinta por este peregrinar.

Es insuficiente que los libros se encuentren disponibles para el regocijo de la mirada, como objetos de vitrina, se trata de que aumente el apetito por arrebatar cada página, cada palabra, cada letra y masticarlos con las gotas de nuestra saliva. Queremos lectores, no sólo compradores de libros. Buscamos mentes hambrientas por incrementar su cultura y no simples paseantes que ven sin mirar, que oyen sin escuchar, que caminan como zombies hipnotizados por la ola de entretenimiento fútil e inútil de la chatarra comercial.

“El hombre sólo se completa como ser plenamente humano por y en la cultura. No hay cultura sin cerebro humano, y no hay mente, es decir capacidad de conciencia y pensamiento sin cultura”, agrega Morin.

Urgen programas para inducir a la lectura, a estimular la poderosa fuerza de las palabras impresas, fuente misma de la creatividad que nos eleve a perseguir un mayor perfeccionamiento colectivo de nuestro actual estilo de vida.

Sí, los libros son un gran depósito de nuestra cultura, pero sin lectores estamos en el riesgo de caer en primates del más bajo rango y perder la oportunidad de ser homo sapiens y quedar atrapados en el homo demens.
 

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