Jueves, 19 de Mayo 2022

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La vida privada de los presidentes

Por: Diego Petersen

La vida privada de los presidentes

La vida privada de los presidentes

El presidente se queja de que no tiene vida privada, que no puede salir a caminar sin que lo sigan cámaras de prensa y televisión. Lo dice con un dejo de tristeza. Y tiene razón. El bien más escaso de los políticos es la privacidad y es también el tema más debatido y complejo cuando hablamos de ética periodística.

¿Tiene el presidente derecho a la vida privada? Por supuesto que sí. Todos los seres humanos tenemos derecho a la privacidad y en la medida en que los periodistas invadimos la de otros ponemos en riesgo la de todos, movemos esa tenue frontera entre lo público y lo privado que no es sino un acuerdo social que se mueve conforme a la ideología dominante de la época. Los paparazis y las redes no solo han afectado la privacidad de los famosos, no han afectado a todos. 

El problema, sin embargo, es menos sencillo de lo que parece. Todo comienza a complicarse cuando son los mismos políticos quienes usan su vida privada para sus campañas, para generar imagen y hacer propaganda, lo cual se ha exacerbado en tiempos de redes sociales. Un político que sube a su familia a sus redes y la propone como modelo en automático esta generando un interés periodístico por saber si eso que se presume es o no verdad. Un presidente que muestra cada día en sus redes lo que desayunó abre la puerta a que alguien cuestione su alimentación y su salud; un presidente que se muestra cuando va a jugar beisbol, a macanear dice él, para presumir que está muy sano, no se puede quejar que los periodistas lo persigan cuando sale a caminar después de una intervención quirúrgica.

La salud es sin duda el tema más delicado y complejo cuando hablamos de la vida privada de los personajes públicos. ¿Tienen los ciudadanos el derecho a conocer el estado de salud de su presidente? ¿Hasta dónde? ¿Cuál es la información pertinente y necesaria y a partir de dónde es una invasión a la privacidad? Por supuesto que los ciudadanos tenemos derecho a conocer el estado de salud general del presidente, es un asunto de Estado, pero nadie tiene derecho a exigir detalles médicos que son parte de su vida intima y que él y sólo él puede decidir con quién compartirlos. Es cierto que el presidente dejó más dudas que certezas al hablar de su salud y al mismo tiempo de un testamento, pero eso no quita lo irresponsable a la serie de especulaciones y cuestionamientos que se han desatado en torno a su salud. 

El morbo como motivación para hacer periodismo existe y seguirá existiendo. Es uno de los grandes males de nuestro oficio. Pero si de verdad los gobernantes quieren proteger su vida privada tienen que comenzar por institucionalizar algunos procesos de comunicación. Si quieren ser al mismo tiempo el cura, el padrino, el niño y la pila bautismal, luego no se quejen de que los mojaron.

diego.petersen@informador.com.mx

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