Jueves, 27 de Febrero 2020
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La osadía de Castro

Por: Ivabelle Arroyo

La osadía de Castro

La osadía de Castro

Miguel Castro pagó cara la osadía de hacer caso omiso a un juez. A muchos, a él antes que a nadie, debe parecerles injusto que en un proceso en el que no ha sido declarado culpable, se le atraviese la prisión por no haber esperado en casa como se le ordenó.

No pretendo juzgarlo, no sé si de todas formas merecía castigo por corrupción o si iba por la vida de inocente con mala suerte.

Pero lo que sí puedo juzgar es la actitud de las autoridades judiciales y la del entorno de Castro ante la detención, pues me sorprende que esta actitud advierta sobre la durísima vara utilizada con Castro y use el argumento de la indolencia ante yerros y delitos más graves como pretexto para exonerarlo a él.

Ese, justamente, es nuestro problema con el Estado de Derecho: no lo tomamos en serio si la conducta a sancionar la consideramos poco grave o si el sujeto sancionable no es un villano. Para empeorar esta mala tradición cívica, consideramos poco grave algo que debería ser delicadísimo: hacer caso omiso de la autoridad.

¿Por qué se llevaron a esta madre de familia si sólo se estaba defendiendo -a golpes- de un policía? ¿Por qué multaron a ese anciano si sólo estaba festejando en la calle? ¿Por qué encarcelan a un político por salirse de su casa y no a todos los que nos robaron?

La respuesta a todos esos por qués es la misma: porque violan la ley pero sobre todo, porque ponen en entredicho una autoridad. El anciano no respeta a una autoridad administrativa, la madre por muy madre que sea no respeta a un policía, el político no respeta a un juez. Con esas actitudes, no es posible que combatamos la impunidad a gran escala, la de los bribones. Si pedimos que el anciano de este mundo no sea juzgado por una autoridad administrativa, ¿en qué mundo descabellado el criminal será juzgado?

La derivación lógica es esa, no la inversa que utilizamos con frecuencia. No se trata de pedir clemencia para lo poco porque lo mucho no se atiende, sino de construir un Estado de Derecho a partir de lo poco para que lo mucho funcione.

Entiendo que puede haber casos en los que los jueces apliquen la ley con severidad asombrosa y casos en los que volteen a ver a la Virgen o al Whatsapp, pero esa no es razón para desacatarlos. ¿Sabían que la Suprema Corte está saturada por todas las violaciones que hubo a los amparos decretados por jueces de primera instancia? Los alcaldes, los gobernadores, los diputados se pasan las decisiones de los tribunales por el arco de Vallarta y en no pocas ocasiones, también las decisiones de los ministros de la Corte.

Castro, que ha mostrado ser un político responsable, debe saber que cometió un error y que es su carga. En Jalisco no se le conoce como villano y más de algún adversario ha alabado públicamente su probidad, pero esas no son razones para desestimar una investigación en curso -aunque esté equivocada, aunque sea política-, y mucho menos, la orden de un juez. 
 

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