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Lunes, 19 de Noviembre 2018

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La desinformación arquitectónica/artística chilanga: caso Kalach chez Barragán

Por: Juan Palomar

La desinformación arquitectónica/artística chilanga: caso Kalach chez Barragán

La desinformación arquitectónica/artística chilanga: caso Kalach chez Barragán

Alberto Kalach ya tuvo que renunciar a la autoría de uno de los edificios más altos, y seguramente más bellos, de Guadalajara. Lo hizo por respeto a su propio trabajo y al de su equipo. Así que el cliente/banco se quedó con un edificiote huérfano: sin autor. Kalach suele no andarse con medias tintas.

Aclaro desde ahora que me enorgullezco de ser, desde hace 40 años, amigo muy cercano, socio intermitente, colaborador y alumno de Kalach. Así que por supuesto que escribo desde esta postura, que no me impide, cuando se ocupa, ser crítico de lo que Alberto pueda hacer o decir. Cada quien, por supuesto, se responsabiliza de lo que dice. Escribo, por lo tanto, y como siempre, esta columna en estricta primera persona. Y con un par.

Pues resulta que un conocido doctor arquitecto español-mexicano y director de una conocida revista que se llama Arquine escribió hace pocos días una columna inaceptable y aun ofensiva. Por su aparente (puedo estar equivocado) mala leche y por su desinformación (o de plano ignorancia). Es sobre el actual montaje de 365 maquetas de TAX/Kalach en el jardín y el pabellón de Francisco Ramírez 17, frontero a la casa de Luis Barragán. Me explico:

1 Lo de la mala leche: Rezuma por todos lados de la columna de marras. Va un listado con comentarios. Dice que la exposición es “pequeña”: son 365 maquetas, ahí nomás, y el interesado podría pasarse días enteros bobeando y/o tomando notas. Luego dice que no se puede parangonar a Barragán con Kalach por una serie de razones de brocha gorda: habría que fijarse bien y dejar que el ojo se aquiete. Habla de “apilamiento”: ésta sola palabra revela que el columnista no entendió nada de nada. Procede acto seguido a dictar doctoralmente lo que la instalación debía de haber sido. Menciona una “bodega hacinada”: dos cuartos y una terraza proyectados por el mejor arquitecto de la historia mexicana sólo se pueden llamar así desde el reconcomio que asoma las orejas. Se nota también que no conoce ni la casa de Sir John Soane. Habla de otras “exposiciones” que se le hicieron más apropiadas: ídem, no entendió. Incluso pide, haciendo una vez más el ridículo “fichas técnicas”, ignorando (¿adrede?) que se hizo un libro paralelo sobre las 365 maquetas con toda esa información y más. Se nos pone poético-metafórico-tétrico diciendo que la instalación es “una cueva de Aladino póstuma”: a ver, aquí ocupamos la ayuda del Doktor Freud: ¿es esto una agresión, envidia de la mala, o cursilería simplemente?

2 Lo de la desinformación arquitectónica/artística chilanga:

Relata el doctoral doctor español que a la salida por fin alguien le informó que no se trataba de una exposición sino de una instalación. Considera entonces el pomposo doctor que eso es un “despropósito” y habla del lugar común máximo refiriéndose al “traje del emperador” y susurra que para bodegas ya está el despacho de Kalach, con lo que revela que tampoco ha entendido la torre de Constituyentes 41 ni al mencionado despacho. Remata diciendo que seguirá esperando una “exposición” como él la quisiera. Que se siente, porque se va a cansar.

Probablemente estamos ante un caso de ignorancia del panorama artístico contemporáneo, y por lo tanto de ausencia del conocimiento suficiente para distinguir una instalación de una exposición. También estamos ante el caso de una falta total de sentido del humor y del ridículo. Arriesgo comedida y cortésmente recomendaciones: habría que viajar inteligentemente. Habría que leer y no nomás hojear libros y pantallas y revistas. Habría que tener interlocutores informados. Habría que dialogar mucho y de buena fe. Habría que no tener tanta mala leche.

Dos notas finales: la instalación fue producida por la Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán de la que Kalach es miembro. La coordinación es del arquitecto Salvador Macías dentro del programa de presentaciones del Jardín 17. Y, finalmente, ojalá que la casta no decaiga y los subalternos del columnista tengan el valor civil y editorial de publicar esta columna en su revista, como ha sido el caso de decenas de columnas de quien esto escribe. Digo, para darles elementos de juicio a los 3400 lectores del texto doctoral del que me ocupo. Vale.

jpalomar@informador.com.mx

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