Lunes, 08 de Marzo 2021

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La democracia en riesgo

Por: Eugenio Ruiz Orozco

La democracia en riesgo

La democracia en riesgo

El día seis de enero se vivió un episodio inimaginable en los Estados Unidos de América: la toma de las instalaciones del Congreso por una turba de enajenados instigados desde la Presidencia de la República. Fue un espectáculo grotesco, vergonzoso, indigno del pueblo norteamericano, solo explicable por la prepotencia y arrogancia de un hombre acostumbrado a subvertir el orden en la búsqueda de satisfacer su vanidad y apetito de poder, aunque ello implique el riesgo de romper la estabilidad institucional. Trump es un personaje indudablemente singular, transgresor contumaz de leyes y reglas. Habituado a lograr sus objetivos, pasando por encima de todo y de todos, no midió sus límites, se asumió Dios en la tierra.

Desde siempre, existen individuos -frecuentemente disfrazados de demócratas- con el deseo irrefrenable de apropiarse del poder público y ejercerlo a su capricho: son los tiranos, déspotas, dictadores, autócratas, líderes morales, presidentes vitalicios, siervos de la nación o sus altezas serenísimas. Algunos logran, incluso, modificar el curso de la historia. Usualmente, son personajes carismáticos dotados de una gran capacidad de persuasión y con una enorme resistencia al fracaso, cualidades que, finalmente, los llevan al éxito personal, aunque, a la larga, acaben como Nerón, Calígula, Hitler, Mussolini o Somoza. En el siglo pasado, sus ambiciones provocaron dos guerras mundiales e innumerables conflictos regionales. Hay una gran cantidad de naciones como Rusia, China, Singapur, Irak, Corea, Cuba, Venezuela, Nicaragua y muchas más en el continente africano y en Latinoamérica, sujetas a gobernantes autoritarios, llámense primeros ministros, presidentes, o secretarios generales.

México no es ajeno a ese tipo de personalidades: primero los Tlatoanis, luego los Virreyes, siguió Iturbide, que soñó con un imperio; posteriormente, López de Santa Anna, Benito Juárez, quien se encariñó tanto con la silla que solo la muerte pudo quitársela, y Porfirio Díaz, cuya permanencia en la Presidencia desembocó en la Revolución. Nuestra tradición contemporánea cuenta con algunos prototipos de este perfil: Calles, a cuyo Maximato el pueblo aludía diciendo “Allí vive el Presidente, pero el que manda vive enfrente.”; Obregón, Alemán, Echeverría, Salinas y Felipe Calderón, que por ahí anda, fueron tocados por el deseo de seguir ejerciendo el poder más allá de su mandato y, ahora, el Presidente López Obrador, parece ser heredero de esa tentación.

Los recientes acontecimientos sucedidos en el país vecino indudablemente habrán de reflejarse en el nuestro. La afinidad entre Trump y el Presidente López es notoria, no así con el Presidente Biden. La resistencia del gobierno mexicano a reconocer el triunfo de éste, así como los mensajes políticamente incorrectos con el gobernante electo, han creado un ambiente que, sin duda, distanciará a ambos gobiernos. El costo para nosotros es desconocido, pero de algo podemos estar seguros: serán celosos vigilantes de la democracia en México. Las condiciones geopolíticas son propicias para que los mexicanos asumamos el compromiso de cerrar el paso a quienes quieran prorrogar su mandato. En las próximas elecciones, lo razonable es votar para garantizar el equilibrio de los poderes institucionales. El problema es nuestro.

eugeruo@hotmail.com

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