Miércoles, 14 de Abril 2021

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La circunstancia del alfarismo

Por: Diego Petersen

La circunstancia del alfarismo

La circunstancia del alfarismo

La política es circunstancia o, como dice el dicho popular, cuando no te toca, aunque te pongas y cuando te toca, aunque te quites. La sorpresiva, y valiente, declinación de Ismael del Toro a la candidatura de Movimiento Ciudadano a la alcaldía de Guadalajara por motivos familiares mueve completamente el tablero de ajedrez político del Estado y abre la temporada de especulaciones, al menos de aquí al viernes, fecha en que se espera que MC nombre un sustituto.

El gobernador Enrique Alfaro pierde con esta decisión no solo a su operador político más importante, a su candidato a Guadalajara y quien ha sido hasta ahora su delfín y, por lo mismo, quien se especulaba podría ser el futuro candidato a gobernador del alfarismo. Por la manera en que se construyó el movimiento todo gira alrededor del gobernador Enrique Alfaro; no hay, pues, una estructura partidista ni órganos de dirección; es él y su grupo compacto quienes tomarán la decisión de quién sustituya a Del Toro y en ella se juegan el futuro inmediato del Gobierno y, a mediano plazo, del proyecto político.

La decisión está, de entrada, acotada por las normas electorales que señalan que para ser candidato se debió haber renunciado a cualquier puesto de la administración pública 90 días antes de la fecha de la elección. Eso reduce el grupo de elegibles: Salvador Caro, Clemente Castañeda y Pablo Lemus. Aunque se ha especulado la posibilidad de que la senadora con licencia, Verónica Delgadillo, buscaría la candidatura, su licencia fue procesada el día 11 de marzo, por lo que al día de la elección tendría apenas 87 días de haberse separado del cargo.

Hacer candidato a Lemus da más garantías políticas a Alfaro en el corto plazo, pues tendrían mayor probabilidad de conservar la alcaldía de Guadalajara, pero en el mediano plazo significa el fin del alfarismo

Quien asegura la continuidad del grupo alfarista es Clemente Castañeda. Sin embargo, él es presidente nacional del partido; es decir, trae en sus hombros toda la estrategia, todas las decisiones y amarres de los candidatos en todo el país. Más allá de que está haciendo una buena chamba, cambiar de caballo a medio río tiene un altísimo riesgo para MC: la de junio será una elección polarizada que compromete incluso el registro como partido de los naranjas. Salvador Caro, si bien ha demostrado ser un obediente, aunque poco fino, operador político del alfarismo, no es parte del grupo, de los llamados “Tlajomulco boys”. En la elección de Alfaro como alcalde de Guadalajara, en 2015, aportó estructura y estrategia electoral, pero en sí mismo no es un candidato carismático, algo fundamental en una elección cerrada. Su tercera opción es Pablo Lemus, hoy candidato plurinominal y alcalde de Zapopan con licencia. Lemus es, según las encuestas, la mejor opción, quien más posibilidades tendría de derrotar a Morena, pero nominarlo tiene un alto costo interno, pues el grupo de Lemus se había quedado ya con la candidatura a Zapopan con Juan José Frangie.

Si bien la decisión podría implicar movimientos también en Zapopan para equilibrar el tablero, tendría otras implicaciones: hacer candidato a Lemus da más garantías políticas a Alfaro en el corto plazo, pues tendrían mayor probabilidad de conservar la alcaldía de Guadalajara, pero en el mediano plazo significa el fin del alfarismo.

diego.petersen@informador.com.mx

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