Sábado, 17 de Abril 2021

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La cabaña siniestra

Por: Gerardo Salcedo Romero

La cabaña siniestra

La cabaña siniestra

Una pareja con dos hijos vive un momento difícil: deben iniciar los procesos que implica un divorcio. La esposa se suicida atrapada por la depresión. Esto desata la fría hostilidad entre los hijos y Laura (Alicia Silverstone), la joven pareja del padre. Ante la inminencia de la navidad, el padre imagina que la convivencia puede limar asperezas; pero ella tiene un pasado complejo, es la niña que sobrevivió a un suicidio colectivo, es la hija de un exaltado místico que encuentra en la muerte el camino de la devoción. Los niños saben del pasado de la joven y a manera de juego planean una macabra estrategia para alejarla de su entorno doméstico.

Esta es la historia que narran los austriacos Severine Fiala y Veronika Franz, quienes filmaron hace 5 años “Buenas noches, mamá” una historia donde dos hijos sospechan acerca de la identidad de su madre. Ante el éxito de ese modesto trabajo (más de un millón de dólares en Estados Unidos), “La cabaña…” tiene el financiamiento de productoras de Estados Unidos (FilmNation) e Inglaterra (la mítica Hammer). Los cineastas ahora trabajan con un reparto anglo-sajón. Como en “El resplandor” (Stanley Kubrick), una de sus fuentes de inspiración, los personajes enfrentan sus miedos y demonios en un ambiente adverso y solitario, determinado por una dura tormenta invernal. Es en ese encierro donde el peso del pasado atrapa a Laura.

La discreta promoción que ocurre alrededor de “La cabaña siniestra” la inserta en el género del terror, el relato recupera los ecos sombríos del universo que crearon los hermanos Grimm, un universo que a lo largo del siglo XX distorsionado por las adaptaciones que la casa Disney ha cometido en distintas ocasiones. Es decir los cineastas recrean a esa infancia que para sobrevivir encuentra en la crueldad su impulso natural, es el rostro oculto de algo que en la superficie tiene el prestigio de la inocencia. Como buenos austriacos nos enfrentan, una vez más, a las conclusiones freudianas sobre las peculiaridades de la naturaleza humana y sus pulsiones.

El intento de Laura para reinsertarse en la sociedad del nuevo siglo, que la observa como el despojo de una violenta alucinación mística, estalla cuando -a manera de paradoja- la confrontación libera sus demonios, reprimidos en el magma de la memoria y la química que controla sus estados de ánimo. Infancia es destino escribió hace más de 100 años otro austriaco llamado Freud.
 

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