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Martes, 19 de Junio 2018
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Jean d'Ormesson, el genio alegre (1925-2017)

Por: María Palomar

Jean d'Ormesson, el genio alegre (1925-2017)

Jean d'Ormesson, el genio alegre (1925-2017)

Fue el benjamín de la Academia Francesa y murió siendo su decano, a los 92 años. Su figura y su obra encarnan lo mejor del “ingenio de Francia”, que diría Nervo. En un siglo atormentado y tormentoso, fue un hombre alegre, amable, admirado por todos, amigo de muchos y dueño de una prosa alada y transparente que entrega al lector, en cerca de cuarenta libros, su encanto, su malicia, su fineza y su apabullante cultura.

Sólo cinco escritores habían recibido antes que Jean d’Ormesson exequias nacionales: Victor Hugo, Pierre Loti, Maurice Barrès, Paul Valéry y Colette. La doble ceremonia del viernes 8 de diciembre empezó con una misa en San Luis de los Inválidos, la catedral castrense de Francia, donde predicó el recién nombrado Arzobispo de París, Monseñor Aupetit, y pronunció el elogio fúnebre el académico Jean-Marie Rouart. La segunda parte, que fue transmitida y puede verse completa,* fue en el Patio de Honor de los Inválidos.

La ceremonia civil duró poco más de una hora. De un lado del patio había regimientos de distintos cuerpos del ejército; del otro estaban la familia del muerto y los invitados: expresidentes de la República, ministros, académicos... Todos de pie todo el tiempo. El Presidente Macron pasó revista a los militares. Luego, al son de la Marsellesa, salió de la iglesia el féretro, con la bandera encima y llevado en angarilla por ocho militares de la Guardia Nacional, y fue depositado en el suelo al centro del patio. Quedaron tras él dos guardias con la Gran Cruz de la Legión de Honor y la espada de académico.

El Presidente Macron habló luego cerca de veinte minutos. Fue un discurso deslumbrante,** magníficamente construido.

“Tan clara es el agua de estos estanques que hay que asomarse mucho tiempo a ellos para entender su profundidad”. Con esta cita de Gide (sobre La Bruyère) abrió su pieza el Presidente, que puso énfasis en la levedad, la gracia y la luminosidad de Jean d’Ormesson, “uno de esos que nos recordaban que la ligereza no es lo contrario de la profundidad, sino de lo pesado”. Hombre alegre y benévolo, amigo tanto de un comunista como el poeta Aragon como de los presidentes Pompidou o Mitterrand, “conocía demasiado bien las trampas de la Historia para desolarse de los tiempos que corren, y su conversación misma era tan chispeante que nos consolaba de todo lo que la vida tiene a veces de amargo”, dijo el Presidente. Afirmó también que la obra de Jean d’Ormesson lo vincula “con Montaigne, con Diderot, con La Fontaine y Chateaubriand, con Pascal y Proust; lo vincula con Francia, con lo que Francia tiene de más bello y más perdurable: su literatura”. Y acto seguido fue a dejar sobre el cajón un lápiz, como quería el escritor.

Sonó luego otra vez la Marsellesa, y después, la orquesta de la Guardia Nacional interpretó el adagio del Concierto 21 para piano de Mozart; el féretro salió acompañado por la Meditación de Thaïs, de Massenet, que tocó el violinista Renaud Capuçon.    

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