Sábado, 11 de Octubre 2025

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"Incorrección"

Por: Carlos Enrigue

"Incorrección"

Si nosotros analizáramos la vida tapatía de los años la vida de nuestra ciudad en los años cincuenta, sobre todo si la comparamos con criterios actuales, era de una incorrección política terrible. No voy, por parecerme inútil, ponerme a comparar costumbres diferentes de épocas diferentes, cada una de ellas tenía sus gracias y su desgracias y se vive cada temporada como ella se presenta.

Recuerdo, por citar algún detalle, la calle López Cotilla no estaba pavimentada y era bastante arbolada; por las tardes por ahí pasaban el ganado que llevaban al rastro, más de alguna vez algún toro se escapó y corriendo terminó en el patio de alguna familia conocida que se encontraba haciendo la sobremesa, lo que provocó los comentarios del rumbo. Era de cierto una ciudad muy provinciana, que entre sus habitantes se conocían y si no se trataban, sabían quiénes eran.

En las aguas se hacían por esa calle unas corrientes de agua espectaculares que permitían a los más jóvenes bañarse en el arroyo que se formaba, en ocasiones se caía algún árbol y se hacían unas pequeñas represas.

Por aquel tiempo, sólo se oficiaban misas por la mañana, pero muchas personas asistían por la tarde al rosario y la bendición y cuando llovía, pues tenían problemas para cruzar la calle por lo que no faltaba alguno que sacara algunas tablas y a cambio de una propina, ayudara a las señoras a cruzar sin mojarse. He dicho que Guadalajara era una ciudad muy recatada, tanto que era mal visto por algunas, que alguien saliera sin cubrirse y se decía que quien la hacía “ salía en cuerpo”. Yo pensaba que nadie más se acodaría de eso, pero el otro día lo comenté con una hermosa señora y ella me lo confirmó. Que fuera recatada la ciudad no quiere decir que no hubiera comportamientos inadecuados, pero eran más discretos.

Por mi rumbo y cercanos entre sí se encontraban el Colegio Unión de los padres de la Compañía de Jesús y el Colegio Cervantes colonias de los Hermanos Maristas, donde yo asistía, había clases por la mañana y salíamos a las doce para volver a entrar por la tarde de tres a cinco. Ese recreo a mediodía era para ir a comer a casa y permitía jugar un rato, vamos, a nosotros nos quedaba a cinco cuadras de distancia y el Unión quedaba a distancia similar. Lo cierto es que era una educación adecuada a mi juicio, pero sin muchas pretensiones, hombre, había niños aplicados y otros éramos más burros, pero yo no recuerdo, ni por asomo haber escuchado que algún alumno fuera un sabio o un superdotado, como ahora se dice y como niño no recuerdo a alguien obligado a demostrar estados de excepción y ya después de muchos años, ha habido reuniones de quienes fuimos compañeros y nos encontramos con gusto, sin que se noten mayores diferencias y lo bonito de esas reuniones es que no podemos contarnos nada de  nuestros afectos infantiles.

Tapatío

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