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Domingo, 16 de Diciembre 2018

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Homenaje a José Luis Martínez

Por: José M. Murià

Homenaje a José Luis Martínez

Homenaje a José Luis Martínez

Residió la mayor parte de su vida en la Ciudad de México, pero siempre con un ojo puesto en Guadalajara, y desempeñó numerosas funciones de singular importancia dentro y fuera del país.

Mencionaré, solamente para abrir boca, la de director del INBA, del Fondo de Cultura Económica y de la Academia de la Lengua, además de haber representado a México ante los Gobiernos de Perú, de Grecia y en la UNESCO.

Pero no cabe que sigamos adelante sin precisar que José Luis Martínez Rodríguez, nació el 19 de enero de 1918, en Atoyac, cerca de Ciudad Guzmán, donde estudio parte de la primaria en compañía de su condiscípulo y coetáneo Juan José Arreola, y fue terminada en el entonces Distrito Federal, ciudad donde falleció el 22 de marzo del 2007.

Importante es consignar que la Secundaria y la Preparatoria, de 1932 a 1937, unos años muy importantes para aprehender el aire provinciano, los cursó en la perrera tapatía: la Secundaria Uno y la Preparatoria de Jalisco, inquilinas ambas del antiguo convento de San Felipe.
Luego –¡dios nos guarde!– pasó a estudiar medicina en la UNAM. Fueron dos años que compartió con la carrera de letras españolas en el famoso edificio de Mascarones de la propia UNAM. Luego se concentró en los estudios de las letras, a los cuales les dio mayor riqueza y sustento al agregarle cursos de Historia del Arte y, sobre todo, de Filosofía.

He de denunciar aquí un pecado muy grave. Lo diré en voz baja: José Luís Martínez nunca se recibió.

¡Qué vergüenza! Director de la Academia Mexicana, académico numerario de la Historia, Miembro de la Junta de Gobierno de El Colegio de México, Presidente del Pen Club de México, Cronista de la ciudad de México, varias veces doctor Honoris Causa, el pecho lleno de condecoraciones de no sé cuántos países y dueño legítimo de muchos diplomas, entre otros el del Premio Nacional de Ciencias y Artes, suficientes para tapizar todas las paredes de su casa de Rousseau 53, si no lo hubieran estado ya de libros… todo esto sin tener licencia alguna: cuando lo conocí personalmente, ni siquiera la de manejar…

Don José Luís Martínez conoció todo el mundo de las letras hispanoamericanas, y todo él lo conocía muy bien, simplemente como “Don José Luís”. No requería de apellido.

En 1993 ingresamos ambos, casi simultáneamente, a la Academia Mexicana de la Historia. La afinidad se hizo patente de inmediato y procuramos siempre sentarnos juntos, trabajar juntos y marcharnos juntos a merendar, como lo habíamos hecho tantas veces, y hacía ya casi un lustro que habíamos dejado de hacerlo. 

No es por nada que la librería del Fondo de Cultura Económica que existe en nuestra ciudad lleva su nombre. Nadie como él con más méritos para el caso.

No cabe duda: don José Luis Martínez me hace falta y así seguirá hasta que ya no lo necesite más.

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