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Sábado, 23 de Marzo 2019

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Guadalajara y su último gran estirón

Por: José M. Murià

Guadalajara y su último gran estirón

Guadalajara y su último gran estirón

Fue en el último cuarto del siglo XIX cuando el número de tapatíos se estiró hasta llegar a más de 100 mil. Algunos refuerzos vinieron de fuera, es cierto, pero no podemos menospreciar su capacidad y entusiasmo para multiplicarse.

Recuerdo la época en que echábamos carreras con Monterrey y el júbilo enorme cuando llegamos antes que ellos al primer millón. La gloriosa fecha fue el 8 de junio de 1964. Nadie puso en duda que el vástago nacido ese día, en el seno de la familia postal Gutiérrez-Pérez, era ni más ni menos que el niño que completaba la anhelada cifra y lo pasaron a fastidiar. Aunque lo bautizaron como nuestras autoridades de entonces: Juan, por el gobernador Gil Preciado; José, por el cardenal Garibi Rivera, y Francisco, por el presidente municipal Medina Ascensio, ¿creen ustedes que fue posible evitar que se le conociera como el “Niño Millón”? Me imagino que hoy, cuando Juan José Francisco Gutiérrez Pérez ya puede peinar alguna cana, deberán de llamarle algunos “Señor Don Millón”.

De cualquier manera, si López Portillo y Weber decía con gracia que su abuela “viajó por Europa y Estados Unidos solo el tiempo necesario para convencerse de que lo mejor del mundo era Guadalajara”, habemos muchos otros que, después de trotar por allá y acullá, nos hemos convencido plenamente de que no hay mejor sitio para vivir que acá, a pesar de todo: congestionamientos, inseguridad, contaminación, carestía, minibuseros y algunos partidarios del América.

Mas no quiero decir con esto que nos resignemos a lo que sucede sin meter las manos siquiera. Aun cuando muchos de los agobios citadinos están involucrados con problemas que trascienden con creces las posibilidades y los límites municipales, aún estatales y nacionales. Lo cierto es que podrían menguar con acciones conjuntas bien orquestadas y regidas por la solidaridad.

La inseguridad, por caso, que ha crecido mucho más de la cuenta, debe ser combatida con la colaboración de todas las órdenes y las instancias. No cabe duda de que se requieren planes de expertos y acciones de quienes son competentes, por lo que yo, aquí, como historiador que pretendo ser, solo quiero recordar que no es ésta la primera vez que los tapatíos han vivido con alto riesgo. Durante los últimos dos siglos se han padecido varias épocas muy difíciles en este sentido y siempre ha sido con base en una eficaz colaboración con las autoridades estatales y federales como se ha logrado recuperar la tranquilidad.
 

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