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Sábado, 07 de Diciembre 2019
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Golpear o no Golpear

Por: Pablo Latapí

Golpear o no Golpear

Golpear o no Golpear

Tan válido es el sentimiento de enojo, coraje y frustración de las cientos de mujeres que salieron a protestar en las calles de la Ciudad de México el viernes pasado, como la indignación de ver cómo algunas de ellas y barbajanes que las acompañaban pintarrajeaban monumentos, rompían cristales  y, al amparo de la protesta, golpearon a varias personas siendo la más emblemática la agresión al conductor de TV de ADN 40, Juan Manuel Jiménez, porque el golpe fue transmitido en vivo y el video fue reproducido hasta el hartazgo en redes sociales y espacios televisivos.

Y es que el origen y el final de la cuestión es la impunidad. Si, como consta en México, se castiga sólo uno de cada 100 delitos, eso traducido al maltrato y violencia contra las mujeres significa que 99% de quienes acosan, violentan, abusan o asesinan a mujeres está libre.

Pero el país está tan divido, el ambiente político tan enrarecido y los ánimos tan crispados que es muy fácil que las mujeres que genuinamente protestaban el viernes culpen a testigos de la marcha y a medios de comunicación tradicionales de la violencia de género, como es fácil que aquellos que se sienten indignados por las pintas y los vidrios rotos culpen a las activistas del maltrato a la ciudad.

Nada que ver.

Nada más loable de un Gobierno que se jacta de ser “políticamente bueno” o “políticamente correcto” que resistirse a caer en la tentación de reprimir protestas y manifestaciones. Pero es muy difícil ser “bueno” o “correcto” cuando llevas años apostándole a la división y al desencuentro entre mexicanos.

Esa apuesta, tanto de López Obrador como de la señora Sheinbaum, de promover la división entre “chairos” y “fifís”, y además calentar los ánimos para que del desencuentro se pase a la confrontación, lleva obviamente a ambas partes a caer en la posición fácil y generalizada de moverse a los polos y criticar y satanizar todo lo que venga del otro lado.

Y es así como en el auge de las redes sociales caemos en “la fácil” de criticar todo lo que venga del otro bando, al grado de comparar la escalada de violencia contra las mujeres (y la impunidad grosera que la acompaña) con cristales rotos o pintas en monumentos.

Es muy fácil caer en el extremo de culpar a los  medios tradicionales (porque el propio Presidente los ha llamado “fifís”) y provocar agresiones en su contra en marchas como la del viernes, como es muy fácil caer también en el extremo de culpar a las mujeres que se manifestaban por las acciones de los infiltrados y extremistas que vandalizaron la ciudad y agredieron periodistas al amparo de la protesta.

Se olvida y se pierde el objetivo, ese que sí es responsabilidad de los gobiernos, tanto de López Obrador como de Sheinbaum: el combate a la impunidad (en todo tipo de delitos), y entonces se desvía la atención a temas anecdóticos que poco tienen que ver con la esencia del problema, que es la no aplicación del Estado de derecho.

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