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Martes, 11 de Diciembre 2018

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¡Gol!

Por: Martín Casillas de Alba

¡Gol!

¡Gol!

El futbol como metáfora, como herramienta para la enseñanza, como complemento para entender mejor los principios que puede uno aplicar en la vida profesional o social, así como, el gusto de meter un gol, de todo esto se trata la película Unidos por un sueño (Der Ganz Grosse Traum, 2011) dirigida por Sebastián Grobler. La encontré en YouTube (gratis y bien doblada al español) y la he disfrutado por la sencillez de su historia, por su falta de pretensión alguna y por la curiosidad de conocer cómo en 1874 empezaron a jugar fútbol en Alemania aunque en Bavaria siguió prohibido jugarlo hasta 1927.

Son varios escritores, intelectuales y economistas en México que son expertos en futbol: Juan Villoro, Javier García-Galiano y Antonio Castro, entre otros muchos. Para los que no conocían estas historias, tal vez la puedan disfrutar –sin mayores expectativas– en vista de que la fiebre que va subiendo por la cercanía del Mundial y porque, de entrada, nos va a tocar jugar contra Alemania.

Todo empieza en 1874 cuando el joven profesor Konrad Koch, que estaba feliz en Oxford, aceptó la invitación que le hicieron en la escuela de Braunswig para enseñar por primera vez en el Imperio Alemán, el inglés como segundo idioma. Pionero de este plan curricular, sabía que en Alemania dominaban otros criterios y principios educativos muy diferentes a los que había descubierto en Inglaterra. En Alemania era el castigo y la disciplina las variables con las que se educaba a los jóvenes, seguros de que esa era la mejor manera de hacerlo: eran tiempos de Otto von Bismarck (1815-1898), el primer canciller del Segundo Imperio.

Konrad llegó a la escuela con su balón de futbol que le regalaron en Inglaterra y, a la hora de la hora, frente al rechazo de algunos alumnos por conocer ese idioma, gracias a la vanidad del Imperio que así lo indicaba, pues todo el mundo debía de conocer el Alemán y no al revés. Entonces, se le ocurrió que podía matar dos pájaros de un tiro: les enseñaría el vocabulario inglés jugando al fútbol desconocido por los alemanes.

Koch se enfrenta al desconocimiento de sus alumnos de lo que era Inglaterra y a la resistencia de las autoridades para que una clase pudiera ser divertida. Con una estructura sencilla y un ritmo natural, incorpora un par de sub-tramas que le dan un poco de sabor al caldo. Mientras, el ‘fair play’ se hace presente, los límites de la cancha, el ‘foul’ y el ‘goal’, las reglas y principios del futbol con los que iba componiendo sus clases sobre la marcha los aplica ya sea en el gimnasio o en el parque donde los jóvenes gozan corriendo, aprendiendo el inglés más lo básico de ese deporte y de la vida que poco a poco fueron incorporando a la suya como gran novedad, de tal manera que, poco a poco, va cambiando la mentalidad imperial, rígida, donde el castigo era la regla con la que creían tener éxito en la enseñanza del Imperio.

No podían faltar dos modestas historias de amor, de valentía, de coraje, así como, el descubrimiento del ‘Messi’ en el equipo escolar, y su pasión por el futbol, sin importar quién era rico y quién pobre, sino jugar en equipo y aplicar el compañerismo, improvisando, intuyendo y tomando el azar como parte de todo lo que hacían. Nada parecido hasta entonces.

Por supuesto que el futbol crea un cierto rechazo en algunas de las autoridades que Konrad y Gustav, su director, tratan de librar. Así, se va tejiendo la historia en el Imperio hasta que, antes del desastre total, se lleva a cabo un partido con los ingleses, felices de tener un encuentro en el parque de Braunswig, el mismo día que las autoridades del Imperio habían llegado para aprobar o no el fútbol como parte del contenido escolar.

Una historia deliciosa, inocente, basada en la realidad que ha sido el deleite de este villamelón.

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