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Miércoles, 18 de Septiembre 2019
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Frente a China

Por: Luis Ernesto Salomón

Frente a China

Frente a China

Mucho del devenir global de la política y la economía actual tiene que ver con China; por tanto, cabe preguntar sobre el papel que esta nación juega en el mundo y el impacto que directa o indirectamente tiene sobre nuestro país. Una de las respuestas más certeras con respecto a las relaciones internacionales de China la escribió Henry Kissinger en su libro Sobre China (Debate 2012) al decir que: resulta muy poco probable que China, “un país que durante la mayor parte de su periodo moderno -que comenzó hace dos mil años- se consideró a sí mismo la cúspide de la civilización, y que durante aproximadamente dos siglos ha considerado que su posición singular como líder moral del mundo fue usurpada por la actitud rapaz de las potencias coloniales occidentales y Japón, acepte nunca tal rol secundario en la jerarquía internacional”. La visión que tienen los chinos de sí mismos y el aprecio a su civilización les permite tener una plataforma diplomática notable en la cual el tiempo juega un papel esencial. Mientras que la inmediatez es fundamental para las naciones occidentales, para ellos el devenir puede calcularse por muchas generaciones.

Esto resulta especialmente oportuno ahora que el Gobierno de los Estados Unidos emprende sanciones comerciales contra la nación asiática. La disputa, más allá del comercio, está centrada en asuntos estratégicos como el control del desarrollo tecnológico, el dominio militar, el control espacial, la influencia en el mundo y especialmente la amenaza que China puede representar al modelo de expansión y control que los norteamericanos han jugado luego del final de la Segunda Guerra Mundial.

La exportación de su modelo político hacia los cuatro puntos cardinales del orbe ha sido una constante en la segunda mitad del siglo XX y los inicios del actual, la democracia y la vigencia de ciertos derechos fundamentales se convertía en condición necesaria para la compatibilidad y la negociación de los aliados con el resto del mundo.

El caso de China fue distinto: los acuerdos permitieron el despliegue de cambios económicos, aun cuando las prácticas democráticas y el respeto a los derechos humanos no eran compatibles con las prácticas occidentales. Se formó una economía capitalista sin una estructura liberal y democrática. Una especie de capitalismo centralmente planificado que permitió elevar las condiciones económicas de miles de millones de personas y crear la más potente estructura industrial.

Ahora parece que Donald Trump ha tomado la decisión de renegociar la relación y ha vuelto a tratar el tema de la adopción de los principios estadounidenses de Gobierno al llamar al respeto por los derechos de los manifestantes en Hong Kong. Con esa perspectiva puesta sobre la mesa es probable que la negociación llegue a un punto muerto y que los chinos decidan jugar al largo plazo, después de todo saben bien que el fenómeno Trump es transitorio y que su proyecto es de mayor perspectiva en el tiempo.

La relación entre las dos potencias, y especialmente las sanciones comerciales, son una manifestación de la disputa geopolítica que tiene un impacto directo para México. Primero, porque nuestra nación mantiene una relación muy asimétrica con Pekín, compramos mucho más que lo que vendemos y muchos de los bienes terminan siendo exportados a Estados Unidos, lo que muchos del otro lado de la frontera interpretan como prácticas indebidas.

Y luego porque un proceso de desinversión estadounidense en China, como lo ha sugerido Trump, puede significar una oportunidad para atraer a México plantas industriales en el mediano plazo. La presión de nuestros vecinos hacia China pasa por evitar que nuestro país sea una plataforma para el ingreso de los bienes chinos a su mercado y también evitar que la política de fomento de inversiones chinas en infraestructura llegue a México.

Ante estos hechos, México tiene la disyuntiva incómoda: por una parte aprovechar la coyuntura para acercar posiciones e involucrarse en un proceso para atraer inversiones y crear condiciones similares a las que China tiene con las empresas en regiones como el Sureste para detonar el desarrollo económico. En esta coyuntura crece la importancia del Tren Transístmico  que se construye entre Salina Cruz y Coatzacoalcos. Y al mismo tiempo sería necesario asumir una posición más enérgica en el control de los puertos y de las operaciones con bienes provenientes de China.  

O por el otro lado, acercarse a China y atraer inversiones industriales y de infraestructura, corriendo el riesgo de colocarse frente a los intereses de nuestros vecinos. Resulta obvio que la segunda opción es altamente riesgosa por lo que una vez más, aunque nuestra intención sea diversificar nuestra interdependencia económica, la coyuntura nos coloca ante la ocasión de coincidir con los intereses del Norte y buscar la diversificación, por ahora en otros polos de desarrollo como Japón y Europa.

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