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Sábado, 23 de Febrero 2019

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Fiscalía Carnal de la República

Por: Diego Petersen

Fiscalía Carnal de la República

Fiscalía Carnal de la República

No se puede decir que no son congruentes: Morena apoyó al PRI de Peña Nieto en su intento de tener un fiscal carnal y ahora el PRI votó con Morena para que el Presidente tenga su fiscal a modo. Y, si el argumento que esgrimirán los defensores del Gobierno será “si todos lo han tenido, por qué López Obrador no”, me temo que no han entendido de qué se trata. La transformación de la PGR a Fiscalía era una oportunidad de oro para tener un fiscal autónomo, con toda la fuerza de la República (pues en la propuesta sería evaluado y electo por dos terceras partes del Senado) y con el visto bueno del Presidente. Tal y como fue aprobada la ley, el nuevo fiscal será un funcionario más del gabinete que podrá ser despedido por el Presidente cuando a éste le dé la gana o le sea incómodo. Esto último difícilmente sucederá, pues quien llegue sabrá agradecer la mano tendida del amo.

Desde que estaba en campaña, López Obrador dejó claro que él no soltaría esa rienda y que la autonomía sería “de facto”.  Pero él sabe bien que eso no existe. En la autonomía, como en la independencia, la libertad o la soberanía no hay medias tintas; no las hay de hecho, tienen que ser también de derecho.

Está claro que el Presidente nombrará a alguien cercano. Quien suena más es Bernardo Bátiz, procurador de Justicia de la Ciudad de México cuando López Obrador era jefe de Gobierno

Ya que el Presidente decidió ser él quien cargue con la responsabilidad del nombramiento del fiscal carnal exijámosle también que se haga responsable de los resultados y de la eficiencia de la Fiscalía. Está claro que el Presidente nombrará a alguien cercano. Quien suena más es Bernardo Bátiz, procurador de Justicia de la Ciudad de México cuando López Obrador era jefe de Gobierno, cuatro veces diputado federal, por el PAN y por Morena y constituyente de la Ciudad de México. Toca a la sociedad civil convertirse en la sombra del nuevo fiscal y exigir esa autonomía “de facto” de la que tanto hablan.

Otra vez: no es un asunto de quiénes son los buenos y quiénes los malos, de si se apoya o no al Presidente, sino de tener instituciones que nos permitan levantar la mirada más allá de los periodos sexenales y aspirar a un equilibrio de poderes que haga avanzar a nuestra democracia. Esa es la batalla, no la perdamos de vista.

PS. Nos hubiera encantado que la vehemencia con la que los diputados de MC defendieron la propuesta de fiscalía autónoma nacional la hubieran mostrado, aunque sea poquito, en Jalisco, pero congruencia es demasiado pedir.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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