Miércoles, 21 de Abril 2021

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Fe ciega versus ayúdate que yo te ayudaré

Por: José Luis Cuellar de Dios

Fe ciega versus ayúdate que yo te ayudaré

Fe ciega versus ayúdate que yo te ayudaré

Primera de dos partes.

Confía en el tiempo, él lo arregla todo afirma Fedor Dostoievski, sabia reflexión no válida para el mundo de las familias que han tenido un hijo (a) con discapacidad, sobre todo si dicha discapacidad impide que la persona pueda ser independiente, por lo menos en las actividades cotidianas mas elementales: lenguaje, bañarse, vestirse, comer, en pocas palabras ser capaz de dirigir su propia existencia y convivir en comunidad.

Los atrasos conceptuales, culturales y económicos, que más bien son injusticias cargadas con una alta dosis de discriminación respecto a la atención, educación y protección que debe darse a las personas en situación vulnerable, han generado un horroroso fenómeno de crueldad, de inhumanidad y de la más reprobable injusticia que cualquier se pueda imaginar.

Concentremos la presente colaboración en el tema del futuro que le espera a una persona con discapacidad intelectual cuando sus padres hayan terminado su ciclo de vida, su presencia terrenal. Para este análisis debemos referirnos a dos escenarios:

1.-La familia de la persona con discapacidad cuenta con recursos económicos suficientes para solventar las necesidades materiales del hijo(a) además de la disposición leal y sincera de algún o algunos de los miembros cercanos o no a la propia familia. En este caso la persona con discapacidad debe estar atendida por profesionales en la materia, se les denomina monitores, quienes tendrán la función de atender en todos sentidos a la persona en comento. Este, que es el mejor de los escenarios, significa todo un reto: es aceptar leal y sinceramente al nuevo miembro de una familia y a su monitor(a) que si bien lo han conocido y tratado, ahora se integra plenamente, en tiempo y forma, al seno familiar. Entrarán en juego virtudes que quizás están archivadas en el estante de la falta de práctica como paciencia, solidaridad, tolerancia, inclusión y porque no amor. Así las cosas, se les habrá construido el mejor de los mundos, ojo, sin olvidar que este mejor de los mundos tiene un costo económico que generosamente deberá asumirse.

Entra en juego y mucho el actuar a tiempo, recordar que muchas promesas están condenadas al fracaso, mirar a Dios no con los ojos de la “fe ciega” sino atender su eficiente recomendación: AYÚDATE QUE YO TE AYUDARÉ.

El que esto escribe conoce casos en los que habiendo fallecido mamá y papá del hijo con discapacidad luego de un corto tiempo aquella familia que se comprometió a cuidar al pariente decide internarlo en Residencias que están garantizadas por toda una estructura para atender al residente, pero ojo, son contadas las instituciones serias y profesionales en nuestro país que cuentan con el diploma de “confiables” además de sus altos costos por servicios prestados. Por lo que toca a los parientes que desistieron de la tarea, no se puede calificar como desleal su decisión así vaya un tanto en contra de la salud mental del afectado, más bien resulta hasta cierto punto explicable dada la complejidad del tema. De nuevo hay que actuar no en base a la “fe ciega” sino atendiendo al infalible postulado de: AYÚDATE QUE YO DE AYUDARÉ.

Continuará...

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