Miércoles, 19 de Febrero 2020
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Etiquetado frontal, sobre aviso no hay engaño

Por: Diego Petersen

Etiquetado frontal, sobre aviso no hay engaño

Etiquetado frontal, sobre aviso no hay engaño

El etiquetado frontal ha desatado reacciones tan curiosas de un grupo de empresarios y abogados de éstos que no se puede sino pensar que algo estamos haciendo bien obligándolos a advertir claramente, sin eufemismos ni tecnicismos, qué es lo que nos estamos llevando a la boca. Si los empresarios tienen tan claro que el etiquetado frontal afectará su mercado es porque lo que están vendiendo no es exactamente lo que los clientes piensan que están comiendo y, por lo tanto, no quieren que te enteres que tal o cual producto es alto en azúcar o sal, que contiene saborizantes que hacen que parezca lo que no es o simplemente que su ingesta es nociva para la salud, como lo es el cigarro, por citar el más clásico de los ejemplos del etiquetado frontal.

La alimentación es hoy por hoy el problema de salud más grave de México. La obesidad (somos el segundo país más obeso y el primero con más niños gordos del planeta) está vinculada con las dos de las principales causas de muerte en México: las afecciones cardiacas y del sistema circulatorio y la diabetes. De hecho, esta última es la principal amenaza no sólo para la salud de los mexicanos sino para la salud financiera de la República: si la diabetes sigue creciendo al ritmo que la llevamos terminará quebrando al sistema de salud en México, el nuevo o el viejo, se llame Insabi o Seguro Popular.

Tiene que ver fundamentalmente con el derecho que tenemos los consumidores a saber qué compramos y qué comemos

En una democracia madura, en un país de adultos, no paternalista, todo mundo debería tener derecho a consumir lo que fuera mientras no afecte a los demás, pero debería de pagar por anticipado los efectos en la salud que puedan tener lo que consume. Ese pago no es otra cosa que poner impuestos específicos proporcionales al efecto en la salud que dicho producto tiene en las personas, tal como ya sucede con los cigarros. Esto es, hay muchos productos en el mercado cuya ingesta genera adicción (los altos en azúcar, por ejemplo) y/o que están asociados a enfermedades específicas del consumo de esa sustancia.

El etiquetado frontal tiene que ver fundamentalmente con el derecho que tenemos los consumidores a saber qué compramos y qué comemos, con el derecho que tenemos los ciudadanos a decidir con información. Nadie está pidiendo que saquen del mercado algún producto específico, pero si después de conocer el contenido, de manera clara, sin eufemismos ni letras chiquitas, decidimos que no queremos consumirlo será otra historia.

Sobre aviso no hay engaño; negarse al etiquetado frontal no puede ser sino una voluntad de engaño.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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