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Martes, 26 de Marzo 2019

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Equilibrio... y desmesura

Por: Jaime García Elías

Equilibrio... y desmesura

Equilibrio... y desmesura

Decía Sergiu Celibidache que “las notas perdidas van a dar al infierno de los malos músicos”. Escrupuloso lector de las partituras, cuidadoso de que se escucharan todas las notas impresas en el pentagrama, el célebre director rumano que hizo de la pureza del sonido de sus orquestas la marca de la casa, habría aprobado, muy probablemente, la versión de la Sinfonía No. 2 en Sol menor, “Londres”, de Vaughan Williams. Habría reprobado, quizá -o, al menos, fruncido el ceño al escucharlos-, la Obertura Carnaval, Op. 92, de Dvorak y el Concierto para Piano y Orquesta en La Menor, Op. 16, de Grieg, a la manera de Jesús Medina Villarreal, director titular de la Orquesta Filarmónica de Jalisco, incluidas en el tercer concierto de la Primera Temporada 2019 del ensamble, la noche del jueves en el Teatro Degollado.

Sala casi llena, como ya se va haciendo buena costumbre. De la obertura Carnaval sobresalió la sección central. Batuta y orquesta proyectaron fielmente el carácter “pastoral y contemplativo” -como señalaba el programa de mano- de los compases respectivos. En la primera y tercera, brillantes y vigorosas ambas, hubo los excesos que aparecieron también, sobre todo, en la Quinta Sinfonía de Tchaikowsky del primer programa y en la Danza de los Marineros Rusos, de Gliere, del segundo. Pasajes en que resultaban patéticos los vanos afanes de las cuerdas por competir con el estruendo de metales y percusiones.

En menor medida, el fenómeno se repitió en el hermoso Concierto para Piano, de Grieg, en la parte central de la velada. El solista, Abdiel Vázquez, brilló desde las primeras notas, posteriores al redoble de timbales inicial, y ratificó las dotes demostradas en presentaciones anteriores, tanto en los encantadores pasajes concertantes como en las cadenzas, propicias para hacer gala de virtuosismo. En el clímax de la obra, sin embargo, fue aplastado por el tutti de la orquesta. Su encore fue una alegoría de una danza de El Cascanueces, de Tchaikowsky.

En la “Londres”, de Vaghan Williams, que cerró la velada, predominan las notas largas, las sonoridades armoniosas, las melodías apacibles y las sonoridades tenues. Ahí, Medina y la orquesta estuvieron casi impecables. Para sacar la nota sobresaliente, aún faltaría que el director contuviera, en beneficio de la unidad de la obra, la tendencia del público a aplaudir al final de cada movimiento.

El programa se repite este domingo, a partir de las 12:30 horas, en la misma sala.

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