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Domingo, 19 de Agosto 2018
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Elina, inconmensurable

Por: Jaime García Elías

Elina, inconmensurable

Elina, inconmensurable

Guadalajara se sacó la espina. La tenía clavada por varias razones: hace pocos años, la anunciada presentación de Renee Fleming —una de las mejores sopranos contemporáneas— en el Teatro Diana, se suspendió… porque la venta de boletos fue ínfima; el año pasado, Elina Garanca —una de las mejores mezzosopranos contemporáneas— se presentó en cuatro ciudades mexicanas… y Guadalajara no fue incluida en la gira. Y aunque el barítono Dmitri Hvorostovsky —recientemente fallecido—, los tenores Rolando Villazón y Javier Camarena, las sopranos Jane Eaglen y Amber Wagner y anteriormente los tenores Francisco Araiza, José Carreras y Ramón Vargas se presentaron aquí, con buena respuesta de público (los dos recitales de Luciano Pavarotti, ya en plena decadencia, fueron más afrentas que timbres de orgullo), ciertamente muy poco se ha hecho en los últimos años por rescatar la fama que Guadalajara tuvo alguna vez, por el buen gusto de su público.

El flamante Conjunto de Artes Escénicas (CAE) de la Universidad de Guadalajara consiguió inscribirse en el itinerario de la gira americana de Elina Garanca. Acompañada por la Orquesta Filarmónica de Jalisco, dirigida por Constantine Orbelian —el director de cabecera de la mezzo letona en estas presentaciones— y en presencia de poco más de mil 500 personas (faltó muy poco para que la sala se llenara), Elina justificó sobradamente la fama de que llegó precedida.

Dueña de una voz exquisita, de una técnica depurada y de una presencia escénica impresionante por su personalidad y su belleza, Elina, inconmensurable, hizo gala, sobre todo, de una portentosa capacidad interpretativa. 

Con su sola estampa, sobria, sin manierismos, dio vida a los personajes, dramáticos en la primera parte, ligeros en la segunda, y recreó los pasajes correspondientes a las arias de La Doncella de Orleans, de Tchaikowsky; Sansón y Dalila, de Saint-Saens; Adriana Lecouvreur, de Cilea, y Carmen, de Bizet, incluidas en el programa, al lado de romanzas de zarzuela, más Granada y O mio babbino caro, obsequiadas como encore.

La OFJ y Orbelian aportaron una pulcra orquestación, y se lucieron adicionalmente en la obertura de “Ruslan y Ludmila”, de Glinka; la Danza Española No. 1, de Falla, y el Preludio de Carmen.

Pintitos en el arroz: la falta de una pantalla —como las hay en otras salas— para seguir la traducción de las obras, y la pobreza extrema, en presentación y contenido, del programa de mano.

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