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Lunes, 22 de Julio 2019
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El tiempo del derecho

Por: Luis Ernesto Salomón

El tiempo del derecho

El tiempo del derecho

Un gran protagonista crece su papel en la narrativa de nuestro tiempo: el derecho, que se manifiesta en los derechos de millones de personas. Todos los días exigen respeto a la dignidad en todos los ámbitos de la vida social. En todas partes se levantan voces contra la injusticia y la desigualdad.

La conciencia individual de los derechos ha provocado un crecimiento inmenso en los procedimientos judiciales en las naciones. La calidad de los servicios de justicia se ha convertido en referencia obligada para calificar el nivel de desarrollo institucional de las naciones. Al mismo tiempo los medios de comunicación masiva y el uso de las nuevas tecnologías nos permiten conocer de forma más precisa e inmediata procesos jurídicos que se desarrollan en gran parte del mundo, acrecentando nuestra información sobre este protagonista expansivo.

Tener derecho a algo se ha convertido en un grito de lucha. Esa pretensión es muchas veces exigible, pero en otras se trata de simplemente de aspiraciones declaradas

Tener derecho a algo se ha convertido en un grito de lucha. Esa pretensión es muchas veces exigible, pero en otras se trata de simplemente de aspiraciones declaradas. No es lo mismo exigir el derecho a recibir un pago por la entrega de una mercancía; que exigir el derecho respirar aire limpio, lo primero se puede exigir en un tribunal de forma directa e individual; mientras que lo segundo es un lineamiento que debe orientar las políticas públicas. Una cosa es proclamar un derecho y otra distinta satisfacerlo. Nuestro protagonista avanza en los dos ámbitos: en lo que podemos exigir judicialmente y en las proclamas públicas con sustento ético.

Cada vez es más común escuchar respecto al trámite de un amparo, la obtención de una suspensión o la referencia a principios como la presunción de inocencia o la irretroactividad en la aplicación de la ley. Estos términos se difunden con más o menos acierto, pero cada día se incorporan a las expresiones de millones de personas.

El leguaje de los derechos crece también para dar fuerza a las reivindicaciones de nuevas exigencias materiales y morales, hay cada vez más personas que se declaran sin derechos, o que exigen el respeto a nuevos derechos. Este hecho de alcance mundial, es especialmente visible en nuestro país en estos tiempos aciagos cuando los servicios de justicia y seguridad están en punto crítico.

En México, como en el mundo, las expectativas de justicia van al alza, con más derechos exigibles, mejor protegidos por instituciones eficientes y más atención al respeto efectivo de los mismos.

Viene al caso la reflexión ahora que a golpe de realidad nos enfrentamos a la migración, otro asunto en el que nuestro protagonista está en el centro.

Efectivamente, no hay que dejar de lado que cada inmigrante debe tener un procedimiento individual que le permita tener el debido proceso para determinar su condición migratoria. Es decir, que habrá cientos de miles de procedimientos administrativos o cuasijudiciales para resolver este asunto, independientemente de cualesquiera que sea la solución política. Se sumarán a los procesos en trámite en cuestiones penales, que son las más visibles, pero no hay que olvidar los enormes rezagos en otras materias.

Los procesos judiciales que se desahogan en el extranjero con respecto a individuos, hechos o intereses mexicanos son también una llamada de atención ineludible. Para no hablar de las exigencias políticas a las instituciones nacionales para homologar estándares de funcionamiento global en materia financiera, económica y otras muchas materias que implican mejorar el desempeño administrativo y judicial.

Los recursos que la nación dedica a este protagonista son bastante limitados y la realidad impone un cambio estructural. La vigencia del Estado de derecho supone que el servicio público de justicia primero se expanda para ser suficiente, y simultáneamente mejore su calidad. Ahí está la cuestión, a la vista, hay una crisis de impunidad a corregir.

El tiempo de los derechos no se va a revertir, por el contrario, afortunadamente cada vez tendremos más conciencia de su ejercicio y más presión a las instituciones para hacerlos efectivos. Tenemos al protagonista en la sala y hay que atenderlo, pretender eludirlo o satanizar su existencia es cerrar los ojos ante un hecho creciente.

O mejoramos nosotros aquí y ahora los servicios de justicia, invirtiendo lo suficiente,  o a golpe de realidad externa nos obligarán a hacerlo.

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