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Lunes, 25 de Marzo 2019

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El esplendor de lo bello

Por: Martín Casillas de Alba

El esplendor de lo bello

El esplendor de lo bello

“La poesía es como un túnel secreto que nos permite escapar de nuestras prisiones, de la fealdad y del horror circundante, hacia infinitas llanuras iluminadas por el esplendor de lo bello; la poesía está hecha de esencia e interioridad”, es lo que pensaba José Gorostiza cuando escribió sus “Notas sobre poesía” que utilizó como prólogo de su libro Poesía (FCE, 1964), donde he descubierto algunos secretos.

Gorostiza sabía que cuando “penetra la palabra en la poesía, la descompone, la quiebra y la abre como si fuera un capullo para darnos los matices posibles de su significación; entonces, se transparenta y nos deja entrever, no lo que dice, sino lo que calla.” ¡Ah, caray! Lo que calla... eso es lo que hay que escuchar.

Nos dice que “entre palabra y palabra, hay unos corredores secretos y unos puentes levadizos para que podamos transitar dentro de nosotros mismos, entre los inmundos calabozos y las elevadas galerías, esas que no conocíamos había en nuestro castillo hasta que, saca a la luz la inmensidad de los mundos que encierra nuestro mundo.” ¡Ah, caray!, eso es... descubrir nuestro mundo.

Gorostiza escribió Muerte sin fin, un poema en donde investiga varias esencias: el amor, la vida, la muerte y Dios en donde trató de quebrantar el lenguaje para hacerlo más transparente, de tal manera que podemos ver sus esencias e interioridades.

Dice que la poesía también es “una especulación, un juego de espejos en el que las palabras, puestas unas frente a las otras, se reflejan unas en otras hasta lo infinito y se recomponen en puras imágenes para establecer contacto con lo que está más allá.” ¡Ah, caray!... poder establecer contacto con lo que está más allá, eso es todo.

De pronto, recuerdo la estrofa en donde describe ese momento cuando el poeta encuentra la palabra que le hacía falta o cuando tenemos una buena idea:

Un cóncavo minuto del espíritu
que una noche impensada
al azar
y en cualquier escenario irrelevante
-en el terco repaso de la acera,
en el bar, entre dos amargas copas
o en las cumbres peladas del insomnio-
ocurre, nada más, madura, cae
sencillamente.

Gorostiza trató de apagar un poco la musicalidad que se utilizaba, así como, huir de lo declamatorio para refugiarse en “una especie de balbuceo vagamente rítmico en el que se introduce, aquí y allá, un endecasílabo perfecto o una rima involuntaria.”

Habla del desarrollo plástico de la poesía: “como si fuera un cuadro, una superficie por llenar con un plano anterior y un fondo donde se esfuman los motivos secundarios. Un espacio limitado que se acaba, de tal manera que el poeta, como el pintor, lo pueda retocar hasta que quede listo y se pueda contemplar.”

También habla del desarrollo dinámico del poema una vez que es puesto en marcha, cuando “avanza o asciende en un continuo progreso; estalla en su clímax y se precipita rápidamente a su fin. El poeta calcula la parábola correspondiente a la potencia de ese proyectil y le pone un hasta aquí.”

El poema toma cuerpo hasta que alcanza su tamaño, su estatura y “la proporción que le dicta su propio aliento vital” y poco más adelante menciona el ‘madrigal’ de Cetina en donde no se nota su crecimiento, pues “va tomando cuerpo insensiblemente como si fuera un ser vivo, un fruto o una flor.”

El madrigal tiene versos de siete y de once sílabas donde se quiera y dice que el de Cetina “no podía ser ni más sucinto ni más explícito”:

Ojos claros, serenos,
si de un dulce mirar sois alabados,
¿por qué, si me miráis, miráis airados?
Si cuando más piadosos,
más bellos parecéis a aquel que os mira,
no me miréis con ira,
porque no parezcáis menos hermosos.
¡Ay tormentos rabiosos!
Ojos claros, serenos,
ya que así me miráis, miradme al menos.

Encantador contenido amoroso que me deslumbra por el esplendor de su propia belleza.

(malba99@yahoo.com)

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