Miércoles, 29 de Enero 2020
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El arte urbano, derechos y razones

Por: Cuauhtémoc Cisneros Madrid

El arte urbano, derechos y razones

El arte urbano, derechos y razones

La ya tradicional falta de sensibilidad de una buena parte de los servidores públicos en el municipio de Guadalajara ocasiono en días pasados -one more time- un torrente de comentarios negativos en todas las redes sociales y los medios de comunicación masiva en contra de su Gobierno y del presidente Ismael del Toro, pues “ejemplares funcionarios celosos de su deber” incurrieron en un terrible oso, al interrumpir e impedir que continuara un recital de Flor Amargo, quien lo ejecutaba de manera gratuita en las céntricas calles de nuestra ciudad.

La joven y agradable cantante oaxaqueña, ubicada entre las más populares estrellas en las redes sociales, ofrecía un recital frente a la plaza de la Catedral metropolitana, cuando inspectores del Ayuntamiento tapatío, acompañados de un grupo de policías interrumpió la actuación y cargó con los instrumentos musicales de la artista, ante el enojo popular de los paseantes que disfrutaban del mismo, porque según el decir de los empleados municipales, los artistas no contaban con el permiso respectivo para dar al mundo su música y arte.

El reglamento que busca mantener la paz social en el municipio existe y debe de ser observado por la ciudadanía, pero también por las propias autoridades, situación que no se cumple cuando es el propio municipio o Gobierno del Estado, quien organiza los estruendosas conciertos “musicales” en los diferentes rumbos de la ciudad (y gasta un dineral en la contratación de sus amigos artistas).

Pero por encima de puntos de vista, también existe el derecho universal a la libertad de expresión, y ésta debe de ser respetada, máxime si se realiza de manera ordenada y artísticamente presentada.

APUNTE

Lo acontecido deja al descubierto la necesidad de capacitación y sensibilización a los empleados de Gobierno.

La disyuntiva es muy clara, las leyes y demás ordenamientos tienen como propósito principal el lograr la mayor y mejor convivencia social de toda comunidad, y su observación debe de ser de carácter general. No obstante, también existe lo que se llama criterio, según el cual un servidor público -y más si ostenta un encargo de funcionario- debiera de aplicar, tal y como lo reconoció el propio Ismael del Toro, al ofrecer una disculpa personal y pública a los artistas ofendidos.

Por cierto que los mismos “funcionarios” son los encargados de cuidar y hacer cumplir el reglamento de “banquetas libres”  implementado y difundido ostentosamente por el hoy Gobernador del Estado, y bastaría con darse una vuelta a las calles de Chapultepec en su cruce con avenida La Paz y circundantes, para darse cuenta de los amplios negocios instalados en plena banqueta. Mientras que la Policía debiera evitar los atracos que a diario padece la ciudadanía.

Si el arte y la cultura no les merecen respeto, entonces… o todos coludos o todos rabones.

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