Martes, 02 de Junio 2020
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El anormal regreso a la normalidad

Por: Diego Petersen

El anormal regreso a la normalidad

El anormal regreso a la normalidad

Pocas palabras me caen tan mal como normal. Lo normal es aquello que está dentro de la norma, de los cánones, y por lo tanto tiene un insoportable tufo de superioridad moral que permite descalificar todo aquello que se sale una rayita de la norma para calificarlo como anormal. Más allá de mi aversión personal a la palabra, regresar a la normalidad en el contexto del coronavirus no significa otra cosa que volver a donde estábamos, pero esa normalidad, me temo, ya no existe allá afuera en ese espacio que, después de dos meses de confinamiento, se volvió un extraño en nuestras vidas.

La primera frase de la Propuesta para el Plan de Reapertura de la CDMX lo dice con la claridad que el Gobierno federal no se atreve a pronunciar: “no es una vuelta a la normalidad, no se va a reabrir la economía tal cual como estábamos antes de la pandemia”. La paradoja estriba en que la normalidad se volvió una aspiración, un deseo inalcanzable, porque las nuevas normas - ¿habría que decir la nueva normalidad? - nos impide acceder a aquella otra normalidad perdida. El regreso a la vida cotidiana de antes es un espejismo, una alucinación, la visión de un oasis en medio del desierto. Eso que vemos enfrente no es la normalidad, es un reflejo del pasado al que nos aferramos por temor a lo que pueda venir.

Hay que dejar de hablar de regreso a la normalidad para plantear con claridad cómo nos vamos a adaptar a una nueva forma de convivir

Hay que dejar de hablar de regreso a la normalidad para plantear con claridad cómo nos vamos a adaptar a una nueva forma de convivir y de trabajar en medio de una pandemia que estamos lejísimos de haber superado. El nombre del juego, en los negocios, en la educación, en las familias, es capacidad de adaptación. Por lo menos en lo que resta del año el regreso a las formas de vida a las que estábamos acostumbrados no volverán y quizá después tampoco, por lo que tenemos que rediseñar nuestras normas de convivencia, hacer normal lo que hasta ahora nos parece anormal, como saludarnos a distancia, limitar el número de personas al interior de un comercio o del transporte público, rediseñar la convivencia en un espectáculo o evento público, redimensionar eso que llamamos masivo, tener normas mucho más estrictas de higiene y hacerlas exigibles, etcétera. Tenemos que reinventarnos. Reinventar la manera de ejercer los oficios, de prestar los servicios, de producir valor, de relacionarnos.  

No hay pues nada de normal en el regreso a la normalidad. 

(diego.petersen@informador.com.mx)

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