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Domingo, 18 de Agosto 2019
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El altar de los reyes

Por: Armando González Escoto

El altar de los reyes

El altar de los reyes

En casi todas las catedrales españolas e iberoamericanas existe o existió un “altar de los reyes”.

Su nombre obedece a que en el ábside de las catedrales se levantaba un retablo cuyo tema central era la “adoración de los reyes”. Y puesto que eran reyes quienes protagonizaban este acto de culto, los demás nichos del retablo fueron ocupados por las imágenes de muchos otros reyes y reinas que a lo largo de la historia fueron canonizados.

Los monarcas españoles se identificaban con estos altares que por una parte constituían un reto a sus personas, pues debían emular el ejemplo de aquellos que reinando se hicieron santos, pero por otra parte estos altares avalaban el sistema monárquico vigente en el imperio, toda vez que incluso podía producir santos gobernantes. Lo cual desde luego no fue nada común.

Por ejemplo, en el célebre retablo de los reyes de la catedral metropolitana de México se pueden ubicar solamente las figuras de cinco reinas y cuatro reyes, ha habido otros, pero por alguna razón solo aparecen éstos. Se ve que nunca ha sido fácil gobernar y hacerlo honestamente.

Lo extraño es que aplicar el título de reyes a los magos de oriente que buscaron, hallaron y enseguida adoraron a Jesús recién nacido, es un dato que escapa al relato bíblico que solamente los considera como “sabios”, que sería la manera correcta de traducir la palabra “magos”. Fue en el siglo III que los pensadores cristianos infirieron, por la calidad de los regalos que llevaron dichos magos, que pudieran haber sido reyes y que además debieran ser tres, ya que fueron tres los regalos ofrecidos. En el siglo VI aparecen con los nombres que conocemos hasta el presente en unos mosaicos de Ravena, y en el siglo XV a cada uno se les asignó el color de cada una de las tres razas conocidas hasta entonces, Melchor representando la raza europea, Gaspar la asiática, y Baltazar la africana, desde luego todo un simbolismo pedagógico que mostrara como la redención de Cristo era para todas las razas.

Todavía a nadie se la ha ocurrido, afortunadamente, levantar un retablo de los presidentes, en primer lugar porque si los reyes canonizados han sido pocos, ningún presidente, hasta la fecha, ha alcanzado tal nivel ¿a qué se deberá? Sin duda se trata de un misterio profundo y oscuro que acaso los grandes politólogos podrán algún día revelar.

Apuntemos por lo pronto que el ejercicio del poder, así sea como autoridad, es muy exigente, pero también muy tentador, que la posibilidad de torcer la justicia, aprovecharse de los recursos monetarios, y usar de medios insanos para llegar al poder se vuelve muy común; adicionalmente, quién luego de gobernar se dedica a disfrutar de lo que se llevó, poco tiempo tiene de arrepentirse de cómo lo obtuvo.

Mejor contentarnos con la idea de que hubo una vez unos sabios de oriente que se empeñaron en buscar a Jesús, cuya estrella habían visto surgir en el cielo, le llevaron valiosos regalos y luego de burlar las maquinaciones de los políticos de su tiempo, regresaron en paz a sus tierras de origen.

armando.gon@univa.mx

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