Lunes, 03 de Agosto 2020
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El Padre Chayo

Por: Eugenio Ruiz Orozco

El Padre Chayo

El Padre Chayo

Podrá parecer irreverente el título de esta colaboración aunque realmente no sea así, para los habitantes de esta ciudad y de nuestro Estado, la familiaridad implicada en llamar con esas palabras al presbítero José Rosario Ramírez Mercado es una expresión de admiración, respeto y profundo cariño para quien ha sabido ganárselos en sus 93 años de edad y casi 70 de lo que ha sido vida: un apostolado.

El Padre Chayo es un hombre excepcional, con todas sus virtudes y todos sus defectos. Entre sus mayores cualidades está su capacidad para escuchar, para amar, pues es sensible, emotivo, prudente, conciliador, discreto, profundo en sus pensamientos, generoso, a veces huraño como la tierra de los Altos de Jalisco de donde procede su viejo linaje. Hombre de lealtades a su Iglesia, a su pastor y a su grey, enamorado de Guadalajara y de Jalisco; amante de la cultura, la historia, la literatura, el futbol, la fiesta brava, los buenos libros, la plática entre amigos y, por encima de todo, amante del Seminario y de su misión formadora; de ello dan fe más de 65 generaciones que recibieron su orientación, enseñanzas y consejos. Del Padre podría decirse, como de Sócrates, que su vida es un libro de congruencia.

Para quienes hemos estado cerca de él, y somos incontables personas de todos los niveles sociales y creencias, siempre ha tenido una palabra de aliento, una reflexión sensata, una educada sugerencia o un silencio desaprobatorio; a veces, en el silencio encontramos la respuesta o el camino al rencuentro con nosotros mismos. Todos necesitamos de alguien con quien compartir nuestros problemas, conflictos existenciales, angustias, de ese alguien que, sin juzgarte, sin reproches, castigos o amenazas, te dé la mano, te ayude a encontrar la luz, ilumine el sendero, lo cual indudablemente ha hecho el Padre por muchos años. Creyente profundo en la educación, hizo de su trabajo una misión trascendente. ¿Hay algo más importante que formar ciudadanos? Porque, al margen de encauzar a los jóvenes seminaristas para el servicio religioso, también lo hizo con aquellos que, por alguna razón, no encontraron ahí su vocación.

Desde hace algunos días, la salud del Padre se ha quebrantado. Un mal paso, sin duda, a esa edad es muy peligroso y él, en medio de la obscuridad, lo dio ocasionándose una fractura. Fue intervenido quirúrgicamente y, poco a poco, se ha venido restableciendo. Este lamentable hecho me ha dado pie para reflexionar sobre la importancia que algunas personas tienen para la sociedad, ya sea porque son fuente de conocimiento, bien porque son motivo de inspiración al haber adquirido la categoría de ejemplares por la congruencia de su vida o, sencillamente, su autoridad moral los hace acreedores a la confianza de quienes formamos parte de una comunidad. El Padre Chayo es, en estos tiempos de descontrol e incertidumbre, una voz sensata que llama a la cordura. Que Dios lo guarde por muchos años.
 

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