Jueves, 18 de Agosto 2022

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El Gobierno quiere un milagro

Por: Salvador Camarena

El Gobierno quiere un milagro

El Gobierno quiere un milagro

Andrés Manuel López Obrador ayer lanzó una apuesta de pronóstico reservado. Quiere que haya más seguridad, más producción, menos burocracia, más solidaridad de parte de los empresarios, más importaciones y menos alzas en el costo del dinero. Todo eso quiere el Presidente para que los precios de productos y servicios no aumenten. Así de sencillo es el plan gubernamental para enfrentar la inflación. Así de complicado.

Que los campesinos produzcan más, que los importadores importen más, que Segalmex sea eficiente al distribuir, que los productores nacionales de carnes no suban los precios ni resientan competencia nueva, que la burocracia aduanal disminuya, que una barra de pan Bimbo haga la diferencia, que no asalten tantos camiones, y que al mercado mexicano lleguen en los próximos seis meses productos e insumos que no suelen llegar porque tienen aranceles que les hacen complicado un aterrizaje a precios competitivos.

El plan presentado ayer en Palacio Nacional retrata a un Gobierno urgido de un ambiente económico dinámico y optimista. Pero ese mismo Gobierno ha hecho, o dejado de hacer, múltiples cosas que dificultan esa misma actividad económica.

El discurso mesurado, casi de concordia, del Presidente este miércoles en la mañanera es papel mojado. Reunió a dirigentes empresariales, y para algunos de ellos, que muchas veces en ese mismo espacio ha injuriado, su Gobierno tuvo ahora agradecimientos.

La reunión fue tersa, casi prometedora. Pero ocurre la misma semana en que El Financiero anunció que antes que hacer eficiente las operaciones en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México estas serán reducidas, lo que hará todo menos abaratar los vuelos.

Sí, quieren que los precios bajen pero reducirán por decreto las opciones para volar desde y hacia la terminal aérea que hoy por hoy es la que más se utiliza, la que, a pesar de su deliberado desvencijamiento, sirve mejor a la actividades de las y los capitalinos.

Y si el argumento es que la reducción forzada de operaciones en el AICM no afectará directamente a la logística de importaciones o traslado de productos, aceptado con una salvedad. La inflación es también, han dicho los expertos, un tema de percepción. De que la gente ajuste sus expectativas a que las cosas van a estar mejor y no peor, a que alzas en algunos productos, como los limones hace semanas, son pasajeras y no un mal augurio de que todo comenzará a escalar, de que todo se complica.

El problema con este Gobierno es que no se contiene. Manda un mensaje a la iniciativa privada de gracias por colaborar, y minutos después, sólo minutos después y todavía con invitados por ahí, asesta un órdago, en el “chou” ese de “las mentiras de Palacio contras mentiras de los otros”, al que AMLO identifica con los empresarios y la cúpula etc, etc, etc, (para no repetir sus denuestos).

¿Qué le costaba al Presidente, sólo por ayer, dejar de lado tan patética sección mañanera? Su único mensaje habría sido el de la lucha contra la inflación; todos sabrían que lo único que el Gobierno pretendía este miércoles era comunicar su compromiso de que las carreteras serán más seguras, las aduanas más ágiles, las tarifas se congelarán y que harán llegar más fertilizantes a más productores del campo.

Pero no. AMLO es AMLO y quiere que se le haga un milagro. Que todo funcione para que hasta el Banco de México, al que no le impongo nada pero le digo que a mí no me gusta que suban las tasas, entienda que necesito ayuda divina porque yo no puedo ni conmigo mismo.

sal.camarena.r@gmail.com
 

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