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Lunes, 16 de Diciembre 2019
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Documentales

Por: Gerardo Salcedo Romero

Documentales

Documentales

Durante muchos años, el documental fue un género marginado en la producción y en la exhibición cinematográfica. Durante décadas su trasmisión estuvo confinada a la televisión pública y, principalmente, a ciertos espacios educativos. Hasta la fecha la idea de que el documental es una herramienta para la educación es un obstáculo para vivirlo como propuesta fílmica.

Este confinamiento se rompe en 2002 cuando Michael Moore filma “Masacre en Columbine” donde reconstruye, en primera persona, la balacera que ocurre en 1999 y que provoca la muerte de 12 estudiantes de secundaria y un profesor. “Masacre en Columbine” es una excepción: su inversión de 210 mil dólares es un éxito que produce más de 21 millones, tan sólo en Estados Unidos. Podemos contar, entre sus virtudes, su capacidad de retomar una historia presente y, sobre todo, enfrentar un tema que forma parte de la agenda electoral de su país: El control de armas.

En el Festival de Guadalajara, desde hace años, la mejor película mexicana generalmente es un documental; año con año cada vez que se celebra Ambulante o DocsMx la respuesta popular es importante. A modo de paradoja, su exhibición comercial atraviesa su peor momento; los pocos títulos que se arriesgan a ser exhibidos en el duopolio se enfrentan a la indiferencia inducida que se traduce en una experiencia desalentadora.

En la Cineteca FICG se está llevando a cabo una propuesta de programación, que alienta la formación de nuevos públicos y propicia una zona de encuentro. Esta semana se exhiben 2 documentales: “Lo mejor que puedes hacer con tu vida” de Zita Erffa, crónica intimista de una familia, donde uno de sus integrantes se une a los Legionarios de Cristo, después del escándalo del padre Maciel. A partir del viernes 15 se presentará “El guardián de la memoria” de Marcela Arteaga, que recupera la historia de cómo el gobierno mexicano decide convivir, o mejor auspiciar el dominio del narco en la pequeña comunidad de Guadalupe, Chihuahua.

Podría pensarse que las dos historias, dirigidas por mujeres, presentan un agudo contrapunto, de un lado tenemos los apuntes de la historia de dos hermanos y la ruptura que implica la búsqueda existencial de uno. Del otro lado nos enfrentamos a un testimonio coral que describe la forma en la que la violencia destruye a una ciudad fronteriza. Entre lo singular y lo social los dos trabajos son, antes que nada, gran cine.

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