Jueves, 06 de Octubre 2022

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Instrucciones para convertir a su corcholata en un zumbador

Por: Diego Petersen

Instrucciones para convertir a su corcholata en un zumbador

Instrucciones para convertir a su corcholata en un zumbador

El zumbador es un juguete popular y barato de cuando los que hoy tenemos arriba del medio siglo de edad éramos pequeños, allá en los años cincuenta, sesenta y parte de los setenta. Lo único que hace el zumbador es ruido, un ruido muy particular, que surge de hacerlo girar al ritmo que uno desee. El Presidente Andrés Manuel López Obrador algo sabe de ello. Una disculpa para los jóvenes por usar esta extraña metáfora con referentes del siglo XX. Para que vean que nada invento pueden encontrar en las redes tutoriales e incluso la historia de este juguete popular.

He aquí algunas sencillas instrucciones para convertir una corcholata cualquiera en su juguete favorito.

Lo primero es destapar. Hay que elegir las corcholatas adecuadas dejándolas caer al piso. Entre más se arrastren mejor, pues eso es indicativo de que se trata de una corcholata noble con vocación de zumbador. Si por el contrario la corcholata cae parada, rueda de más o se esconde entre los muebles, ello puede significar cierta voluntad de rebeldía. Esas no sirven para nuestro juego. 

Una vez en el piso hay que aplastarlas; pisotearlas y pisotearlas sin piedad hasta que pierdan sus cualidades propias y se conviertan en una simple rueda de hojalata plana sin identidad ni marca propia. 

Para el siguiente paso se requiere un martillo, un clavo y un cordel. Coloque la corcholata aplastada sobre un trozo de madera y haga con el clavo dos agujeros simétricos y equidistantes: uno a la izquierda y otro a la derecha. Es importante que los agujeros sean simétricos porque por ahí vamos a amarrar a nuestra corcholata aplastada. Corte un tramo de hilaza y pase una de las puntas de ida por la izquierda y luego de vuelta por la derecha. Haga los amarres necesarios con los extremos para que no se escape. Cuando esté listo para iniciar el juego, corra la corcholata hacia el centro y comience a girar rápidamente hasta que los hilos queden completamente enredados y la corcholata no sepa qué está pasando. Cuando todo esté embrollado estire y afloje, estire y afloje repetidamente y verá como la corcholata comenzará a girar al ritmo de su voluntad, haciendo un ruido como de mosca amaestrada. 

Listo. Ahora que ya sabe cómo se convierte a una corcholata en un manipulable zumbador hágalo girar a su gusto y si le afila los bordes lo puede usar incluso como arma contra aquellos que le caigan mal o tengan duda sobre su capacidad transformadora. 

diego.petersen@informador.com.mx

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