Lunes, 28 de Noviembre 2022

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El general va desnudo

Por: Diego Petersen

El general va desnudo

El general va desnudo

Las consecuencias del hackeo a la información de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) comienzan a generar efectos más allá de lo esperado, al menos por el Presidente. Guacamaya Leaks se convirtió en una tormenta de información simultánea en varios medios que dejan al Ejército mexicano en una situación de enorme vulnerabilidad. Tráfico de influencias, violación sistemática de derechos humanos, conflictos con la Marina, escuchas ilegales a periodistas y activistas, negocios que nada tienen que ver con su actividad esencial. En cinco días nos enteramos de muchas cosas que suceden detrás de la muralla.

Hace casi cuatro años escribí (El País, 17 de febrero de 2019) que el riesgo que corrían las Fuerzas Armadas al participar tan activamente no sólo en la seguridad sino en grandes negocios de construcción y operación era el tamaño de la corrupción con la que iban a ser tentados. La enorme confianza ciudadana que gozan las Fuerzas Armadas está directamente vinculada a las labores de Protección Civil que venían realizando y a los pocos escándalos que se les imputan. No es que no hubiera corrupción, es que estaba acotada al presupuesto de la Sedena y protegida por la opacidad que les otorga el principio de seguridad nacional.

La Guacamaya les quitó el velo verde olivo, desnudó al Ejército y eso traerá consecuencias enormes en la institucionalidad de las Fuerzas Armadas. A juzgar por lo que hemos visto en estos días, falta mucha información por salir a la luz y escándalos por reventar. Las consecuencias no serán sólo externas, una caída en la popularidad y la confianza de los ciudadanos en esa institución sobre la que el Presidente ha basado la seguridad y el combate a la corrupción, sino internas. ¿Cómo van a procesar los mandos medios los escándalos de sus superiores?, ¿con que confianza operará la línea de mando si el manto protector de la secrecía está roto?, ¿cuáles serán las consecuencias internas para el empoderado general secretario, Luis Crescencio Sandoval? 

Hay que tenerlo claro, lo que hace Guacamaya es un delito, pero eso no va a salvar al Ejército de rendir cuentas sobre los actos que los correos han revelado. Replegarse -salirse de las empresas que operan, dejar la Guardia Nacional, regresar a los cuarteles- no es opción, al menos no en el corto plazo. 

El general va desnudo. Si viviéramos en un lugar normal (Villalobos dixit), el hackeo y los escándalos obligarían a la renuncia del secretario de la Defensa y a replantear, desde dentro, una estrategia institucional para el control de daños y discutir el papel de las Fuerzas Armadas en la República. Pero eso no va a suceder, al menos que la Guacamaya siga cantando y desnude otras cosas.
 

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