Ideas | Diario de un espectador Por: Juan Palomar 10 de junio de 2018 - 00:00 hs Diario de un espectador Atmosféricas. El jardín sutilmente cambia sus luces a medida que ciertos muros son ritualmente encalichados para en algo reparar, y en algo confraternizar, con la usura del tiempo. Resulta impensado comprobar cómo un matiz del relumbre del sol sobre la piel renovada del muro transfigura un rincón atrás de la espesura fiel. El estanque circular, infalible ojo cósmico del jardín, toma debida cuenta de las mudanzas. Otro rato, la aparición de una chuparrosa, afanada en las flores de la pérgola, demora el espectáculo por un largo trecho. Se puede así comprobar su método, que divide en parcelas el campo de trabajo, que alterna con regularidad los descansos sobre precarias ramitas, que requiere la completa quietud de quien lo observa para ejecutar sus danzas portentosas. ** Corre, dice Snow Patrol. Antes, Los Byrds dejaron sus armonías inolvidables, el resonar de sus guitarras desde la altura de ocho millas. Y los Chemical Brothers, siempre inesperados, compusieron una clamorosa celebración de la gloria de la fraternidad reencontrada. Para completar la andanada a media frente, Sonic Youth ataca con salvaje intensidad y dice, sobre todo, que se enciende la sangre. Va una versión de la canción de la Patrulla de la Nieve:Corre. Cantaré la última vez para ti/ Entonces tendré que partir/ Has sido la única certeza/ En todo lo que he fatigado// Y apenas si puedo mirarte/ Pero cada vez que lo hago/ Sé que la haremos dondequiera/ Lejos de aquí// Préndete, préndete/ Como si pudieras/ Aunque mi voz no te alcance/ A un lado tuyo habré de estar/ Más alto, más alto/ Y correremos por nuestras vidas/ Apenas hablo pero entiendo/Por qué tu voz no se levanta para decir// Pensar que no veré más esos ojos/ difícil detener las lágrimas/ Y mientras decimos los largos adioses/ Más arduo se vuelve// Más lento, más lento/ Para eso no tenemos tiempo/ Todo es encontrar una más leve manera/ Para salir de nuestras minucias// Ten bravo el corazón querida/ Puede que tengamos miedo/ Aunque sea por unos pocos días/ Componiendo el desastre// Enciéndete, enciéndete/ Como si pudieras escoger/ No porque mi voz no oigas/ Dejaré de estar junto a ti, querida ** Leyendo a Somerset Maugham. Pasado de la tan caprichosa moda hace muchos años, tuvo hacia mediados del siglo XX una inmensa popularidad. Por estos años parece volver poco a poco la visita a este narrador extraordinario. Viajero inveterado, conocedor tanto de los bajos fondos como de los círculos más encumbrados, fascinado por los países del Extremo Este, Maugham dejó una serie de impecables frescos literarios que describen complejas tramas, contextos humanos y geográficos, presencias individuales de un realismo acabado. Una constante ironía, no sin ribetes de cinismo, le hace tomar distancia y perspectiva de personajes y situaciones. La morosidad de la factura de sus textos, su misma prolijidad, lastra ahora un poco la literatura de quien escribiera para tiempos que acostumbraban una lectura más reposada. Sin embargo, quien se quiera adentrar en una obra por el mero placer del viaje literario, por la recreación de atmósferas y lugares hace tiempo desaparecidos o transmutados, por agudas observaciones sobre la condición humana, podrá realizar serenos cruceros a través de las páginas de Maugham. Un remedio y un alivio para el farragoso y alarmante panorama de los días que corren. Y entonces abordar por ejemplo un tren de largo recorrido de la mano del autor y alternar la atención y el gusto entre la descripción punzante y divertida de viajeros desconocidos y el desciframiento del paisaje que pasa… Temas Tapatío Lee También Samuel Kishi y su cine que cruza fronteras y generaciones Un museo vivo: Experiencias y arte en el Cabañas La gran estafa que nos hizo “americanos” El río Lerma: un pasado majestuoso, un presente letal Recibe las últimas noticias en tu e-mail Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones