Martes, 23 de Julio 2024

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Despolarizar

Por: Jonathan Lomelí

Despolarizar

Despolarizar

“No somos dueños de la verdad. No siempre estamos en lo correcto y los demás están equivocados. Somos distintos, pero no mejores, ni más inteligentes, buenos y capaces”. 

Leí esta frase en una postal colocada en mi lugar durante un taller sobre periodismo de investigación convocado por Quinto Elemento Lab en la Ciudad de México.  

Incluía un QR para descargar el manual titulado: “Despolarizar: guía para navegantes”, en donde se ofrecen consejos prácticos y antídotos para periodistas y no periodistas contra la trampa de la polarización en las redes y las conversaciones. 

Tras la elección del 2 de junio, la polarización política en el país se ha acentuado con la reforma judicial. Otra vez el debate se crispó. Parece que no aprendimos nada en seis años. Por eso vale la pena lanzar algunos salvavidas para navegar este debate maniqueo de fin de sexenio.    

Primero entendamos que la polarización es una radicalización del debate público. La incentivan principalmente tres actores: la clase política, la prensa y las redes sociales. Es el alimento principal del monstruo llamado extremismo, ese centinela que impide el paso al diálogo. 

Una persona polarizada viste cualquier argumento con emociones, creencias y prejuicios. Opina con un profundo desapego a los hechos y las evidencias. También naturaliza e incentiva distintos tipos de violencia como el discurso del odio.

Asimismo respalda liderazgos incuestionables: “Le creo todo. Le justifico todo. No lo cuestiono ni lo critico. Para no ‘hacerle el juego’ a ‘los adversarios’, ignoro las pruebas de que el líder miente o manipula información” (¿les suena familiar?). 

El sujeto polarizado -ya sea “ultra” de izquierda o de derecha-  alza una muralla en torno a sí mismo. Dentro agrupa a los que piensan como él; eso le brinda identidad y sentido de pertenencia. Se protege ante un supuesto peligro o amenaza externa, pero en el fondo se trata de un sentimiento tribal en donde la lealtad a un grupo pesa más que la verdad. 

En México encontramos al sujeto polarizado tanto en el oficialismo como en la oposición. La prensa, al hacer coberturas binarias (buenos vs malos) incentiva esta división. Los youtubers e influencers del cuatroteísmo también. Para ambos es más lucrativo polarizar. 

Como consecuencia, si un medio o periodista intenta una cobertura matizada, en donde el gris asoma por encima del blanco y negro, se le acusa de “traidor” o “aliado” de algún bando.  

¿Qué debate público es este, en donde es inconcebible que uno pueda tener posturas a favor y en contra del oficialismo, a favor y en contra de la oposición?  

La polarización horada la calidad democrática. Las y los ciudadanos también desean (deseamos) comprender. La reforma judicial es un evento histórico. Merece más que posturas dogmáticas centradas en “quiénes” la impulsan y no en “qué” impulsa. Ya habrá tiempo de analizarla. 

Podemos repetir otros seis años navegando esta ola insurfeable o comenzar a navegar hacia la despolarización. Ciudadanos y políticos. Todos desde nuestra trinchera. 

El manual que refiero, disponible en el enlace bit.ly/sinpolarizar, ofrece un consejo para periodistas aplicable también para cualquiera: “No somos objetivos ni neutrales, pero sí podemos tratar de ser justos”. 

El primero en tomar nota soy yo. Tú, lector, lectora, ojalá también lo hagas. 

jonathan.lomeli@informador.com.mx
 

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