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Domingo, 23 de Septiembre 2018

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Debacle en serial caribeño exige explicación y acción correctiva

Por: Salvador Cosío Gaona

Debacle en serial caribeño exige explicación y acción correctiva

Debacle en serial caribeño exige explicación y acción correctiva

El equipo mexicano que compitió fracasadamente en la sexagésima edición de la Serie del Caribe “se alivió sólo para bien morir”, pues habiendo sido humillado por los seleccionados de Puerto Rico, Cuba y Venezuela, logró evitar la limpia y llevarse el triunfo ante la selección de República Dominicana, siendo eliminado de participar en la etapa de Semifinales, toda vez que al obtener esa única victoria quedó relegado al último lugar de la tabla de posiciones del magno certamen. Doloroso y muy vergonzoso fracaso el del equipo que jugó portando —pues decir defendiendo suena a falacia— la casaca de Mexico, siendo la actuación más ridícula que un conjunto mexicano haya tenido jugando en su propio territorio, ya que en un torneo tan alcahuete entre sólo cinco competidores del que únicamente se elimina a uno de ellos que no avanza a las Semifinales, debe ser realmente muy inferior al resto como para resultar eliminado y por ende etiquetado como el peor escuadrón del torneo, y ese fue el caso de Mexico.

El escuadrón de Mexico mostró ante el de República Dominicana una actitud distinta a la que se observó en los enfrentamientos contra los seleccionados de Puerto Rico, Cuba y Venezuela, con sólido pitcheo, sin insolvencias a la defensiva y aprovechando adecuadamente oportunidades para conectar a doña blanca, logrando un marcador  de ocho carreras a una, más sin dejar de advertir que los peloteros quisqueyanos lucieron desenfadados y cometieron pifias, quizá porque era cotejo de mero trámite al estar ya calificados a Semifinales junto con los equipos de Cuba, Puerto Rico y Venezuela, siendo favoritos para la corona los equipos de Cuba y Puerto Rico.

Entre los factores que prohijaron el escandaloso y tremendo fracaso del  seleccionado de México es de resaltar que se armó imperando caprichos, filias y fobias, aflorando intereses especiales sobre el que debía ser la intención general de armar una escuadra equilibrada, sólida en todas sus líneas e incluyendo a los mejores peloteros del momento buscando el éxito en beneficio del beisbol mexicano, quedando luego entonces un conjunto desequilibrado incluyendo varios jugadores que ostensiblemente no eran los más adecuados excluyendo a muchos peloteros cuya ausencia pesó demasiado, como el sobresaliente caso del serpentinero cerrador estelar de Charros de Jalisco, el ligamayorista Sergio Francisco Romo, que ha sido un ícono defendiendo exitosamente la franela mexicana en todos los certámenes internacionales de los últimos años y que fue extrañamente vetado por el Presidente de la LMP Omar Canizales y el mánager de Culiacán, Benjamín Gil; además de otros peloteros de Charros como el segunda base José Manuel “Many” Rodríguez Espinoza, que pronto será nombrado el Jugador Más Valioso de la pasada campaña 2017-2018 de la LMP, el antesalista Agustín Murillo Pineda y el lanzador zurdo Tyler Alexander, además de algunos de Mayos de Navojoa como el jardinero Alex González, el parador en corto Paul León, los serpentineros Esteban Haro, Carlos Bustamante, Eddie Gamboa y Jaime Lugo. Es de señalar que la responsabilidad de armar un roster altamente competitivo recae en Omar Canizales como cabeza de la LMP, ya que si bien hay tradición de conformarlo sobre la base del campeón —Tomateros de Culiacán— escuchando a su directiva y especialmente al mánager Benjamín Gil, está obligado a procurar equilibrio en todas las líneas concitando a los mejores peloteros del momento acorde a capacidad, disponibilidad y adecuada forma física.

Hay que destacar la atinada decisión de haber convocado a elementos valiosos como los receptores Gabriel Gutiérrez Beltrán de Charros y Sebastián Valle de Los Mochis —ante la imposibilidad de haber tenido al de Culiacán, Román Alí Solís—, a los jardineros Sebastián Elizalde y Rico Noel de Tomateros, Chris Roberson de Mexicali —utilizado marginalmente en la serie por el mánager—, los infielders de Culiacán Joey Meneses y Ronier Mustelier —que se lesionó y no se convocó a otro antesalista de gran calidad como sería Murillo— y Jesús “Jesse” Castillo Montaño de Mayos, además de los monticulistas Sergio Mitre de Mexicali, Isidro Márquez de Navojoa y Barry Enright de Hermosillo, al que ni siquiera le dio  el tal Gil oportunidad de jugar.  
Es denotable que hubo errores defensivos en el cuadro, faltó eficacia en jardines, escaseó el bateo oportuno y falló el pitcheo: no respondieron adecuadamente los abridores Edgar González, Héctor Daniel Rodríguez —con menoscabo en su salud— y Rolando Valdés y varios relevistas, entre ellos Casey Coleman, Nick Struck y Daniel Moskos, con severos errores en manejo del roster y mala estrategia global por el mánager Benjamín Gil.

Debe haber sensibilidad y suficiente humildad para tras reconocer objetivamente el fracaso y los errores, deslindar responsabilidades, analizar nuevo esquema estratégico y táctico para, evitando caprichos, filias y fobias, conjuntar al equipo ideal procurando los mejores peloteros cubriendo pitcheo, todo aspecto defensivo y la ofensiva. Ojalá se aprenda del fracaso dejando de lado actitudes antiéticas y vulgares como las que ha mostrado Benjamín Gil, que además de mofarse de otros equipos de la LMP tuvo el descaro de manifestarse ajeno al armado del equipo, quejándose además de un supuesto poco apoyo del público mexicano que atiborró el estadio de los Charros de Jalisco en los encuentros que México protagonizó, debiendo señalarse la apatía y negligencia de Omar Canizales. Del buen futuro de la participación de México en próximos seriales internacionales tendrán responsabilidad los directivos de los ocho equipos que conforman la LMP.

@salvadorcosio1
bambinazos61@gmail.com

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