Martes, 22 de Junio 2021

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De Herodes a Pilato

Por: Armando González Escoto

De Herodes a Pilato

De Herodes a Pilato

La seguridad de las personas es una responsabilidad compartida por los tres órdenes de gobierno, es decir, el municipal, el estatal y el federal, por lo mismo no se vale que frente a la violencia imparable que vivimos las autoridades se dediquen a culparse unos a otros en tanto la gente sigue sufriendo las consecuencias de este imperio del crimen.

Afirmar que el resiente asesinato de tres jóvenes fue ocasionado con el fin de desacreditar a tal o cual gobierno ante la inminente jornada electoral es haber perdido la razón y la memoria ¿en qué campaña estábamos cuando fueron masacrados once trabajadores de la obra en Tonalá?, ¿y los miles de desaparecidos, también hay que explicarlos por afanes de campaña?

Por otra parte, el que la Universidad solamente se manifieste cuando asesinan o desparecen a alguno de los “suyos”, es muestra evidente del egoísmo de personas e instituciones, y una de las principales causas de que esta situación siga prolongándose, lejos de ser una sociedad solidaria con todos, cada individuo o grupo, actúa por su cuenta y con base a sus intereses.

Las marchas y manifestaciones son sin embargo de una enorme importancia, por más que hasta el presente no estén dando los resultados esperados y la impunidad siga imponiéndose ¿no hubo una impresionante marcha con motivo de la desaparición y posterior asesinato de un joven en Ixtlahuacán de los Membrillos? ¿Eso impidió todo cuanto hemos visto después, hasta la tragedia de ver a una madre privada de sus tres hijos de la noche a la mañana?

Hemos construido tres círculos inconexos e impermeables, por un lado la sociedad que cuestiona al gobierno, pero no se cuestiona a sí misma, por otro el gobierno que todo lo personaliza y cree que las cosas se arreglan con declaraciones enfáticas y alegres estadísticas, por encima de uno y otra, y el crimen organizado que mantiene su marcha en crecimiento al margen de lo que digan y sientan los demás, gozando de una increíble impunidad o con una capacidad casi mágica para escapar a todo proceso o pesquisa.

Cuestionarnos a nosotros mismos como sociedad significa advertir que la droga que consumes se paga con la sangre de cientos de vidas inocentes, que la apatía política de los ciudadanos favorece la corrupción de las instituciones, que vivir solamente para cuidar lo nuestro y a los nuestros nos está llevando a perderlo todo.

La misma delincuencia debiera cuestionarse, y seguramente que hay muchos caminos y medios para que lo haga; tanto ingenio, tanta capacidad organizativa ¿no debieran emplearla para causas más nobles? En su contra tienen la experiencia de haberse vuelto en el camino cada vez más inhumanos, haber perdido la más mínima sensibilidad, haberse convertido en máquinas destructivas y despiadadas, haberse degradado de un modo tan vergonzoso.

En cuanto a los funcionarios públicos, que de por sí no la tienen fácil, habría que preguntarles si todo lo que esperan obtener en poder y dinero puede compensar la imagen que dejan para sus mismos hijos.

Es penoso que mientras tanta gente está perdiendo la vida, lo que le preocupe a los políticos sea perder votos.

armando.gon@univa.mx
 

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