Jueves, 09 de Octubre 2025

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Cuando los muertos ya no cuentan

Por: Jonathan Lomelí

Cuando los muertos ya no cuentan

Cuando los muertos ya no cuentan

La confusión ha reinado tras la masacre en la delegación de San José de Gracia, en Michoacán. 

Un video muestra a un comando que dispara contra 17 personas indefensas con las manos alzadas: un fusilamiento, un retroceso histórico al México de hace cien años. 

Mientras esto ocurría, los tres únicos policías municipales esperaban refuerzos en la comandancia ubicada a pocas cuadras. 

La versión del alcalde, Jorge Luis Anguiano, sostiene que desde las cuatro de la tarde reportaron al gobierno estatal una veintena de camionetas con más de 60 hombres armados procedentes de Tizapán El Alto, Jalisco. Al verse superados en número, la orden del munícipe fue no actuar hasta la llegada de la Fiscalía estatal, el Ejército y la Guardia Nacional.  

En cambio, la Fiscalía de Michoacán asegura que se enteró del presunto fusilamiento por redes sociales, tres horas después. De hecho, demoró más porque su base regional está a 45 minutos. 

Cuando llegó el Estado, con mayúscula, los sicarios habían limpiado la escena del crimen, no había cuerpos, sólo unos cien casquillos percutidos, vehículos con impacto de bala y una bolsa con restos humanos. 

La prensa reportó de diez a 17 asesinados. Nadie sabe, en realidad, qué ocurrió. La expresión del Presidente: «Ojalá y no sea cierto», no aclara mucho. 

De inmediato, el gobierno de Jalisco anunció que reforzaría la vigilancia de sus fronteras con Michoacán pues el punto de la masacre está a 17 minutos de Mazamitla. Irónico, un día antes, Michoacán anunció que reforzaría sus fronteras con Jalisco. Como si los criminales respetaran límites. 

Más que una idea de seguridad en los límites, los gobiernos estatales tienen una visión limitada de la seguridad. Como si Jalisco o Michoacán fueran un territorio inmaculado que debe impedir la contaminación criminal proveniente de su mal vecino. 

¿Qué ocurrió en Michoacán? Estamos ante hechos para los que no existen palabras o categorías. No lo digo yo sino Rosana Reguillo, académica del ITESO. Su tesis alivió un poco el malestar que me genera la incomprensión de sucesos en donde el Estado queda anulado y en donde matar ya no es suficiente, hay que destrozar, desmembrar, desaparecer. Tanto y a tal velocidad que ni siquiera tenemos tiempo para el duelo. Mañana habrá otra masacre más estridente. Estas ideas las vierte en su libro Necromáquina: cuando morir no es suficiente (NED/ITESO, 2021). 

Hasta ahora, la labor del Estado mexicano se ha reducido a contar cadáveres, pero en la masacre de San José de Gracia, en Michoacán, hubo disparos con armas largas, restos de sangre, el video de un supuesto fusilamiento y ningún cuerpo. Desde cualquier ángulo, haya ocurrido o no el fusilamiento de diez o 17 personas, tenemos un gobierno pasmado (municipal, estatal y federal). 

El crimen organizado ya no sólo decide quiénes viven y quiénes mueren. Ahora también quiénes cuentan. 

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