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Jueves, 19 de Julio 2018

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Convertir la derrota en victoria

Por: Martín Casillas de Alba

Convertir la derrota en victoria

Convertir la derrota en victoria

Escribir puede set una terapia, tal como lo he podido comprobar ahora que se ha publicado la autobiografía Fe de erratas en la vida de un editor, (Bon Art, 2017) que empecé a escribir hace un par de años, recién llegado de España y después de salir del quirófano, para llegar a mi casa como Ulises después de Troya, feliz de estar con mi mujer, volver a ver a la familia y a los amigos con quien comparto la vida.

El libro está dedicado a mis nietos Javier, Gabriela y Joaquín Casillas y, al pequeño Matías, mi nietastro, para que ojalá algún día se puedan ver reflejados en estas historias para que sigan caminando como equilibristas en la línea del tiempo y aprendan a convertir la derrota en victoria, como dice Unamuno que lo hizo don Quijote en esta paráfrasis editada:

“Ahora, ahora que estás tendido sin poder levantarte, mi señor don Quijote, viene esa moza de mulas, peor intencionada que el mercader que sirve, y te da de palos. Pero tú, sin par Caballero, molido y casi deshecho, te tienes por dichoso, y te parece ser ésa una ‘desgracia propia de los caballeros andantes’ y, con ese parecer, encumbras la derrota, trasmudándola en victoria.”

Justo es lo que he hecho en mi vida: encumbrar las derrotas y transmudarlas en victorias como lo cuento coloquialmente y con sentido del humor, a veces negro, pero, a fin de cuentas, humor, para que los lectores disfruten de su lectura y ojalá encuentren algo que pueda colmar alguna de sus grietas en el alma.

El martes 28 la presentamos en la Casa Clavigero de Guadalajara acompañado por Juan Palomar Verea, tapatío, arquitecto, poeta y amigo desde hace años y Rodrigo Johnson Celorio, escritor y director de teatro quien trabajó conmigo en 1989 en La Plaza, la sección cultural de El Economista, y luego en el 2000 propuso leer las obras completas de Shakespeare que se ha convertido en un parteaguas.

Presentar un libro es toda una celebración, porque esos textos ya no nos pertenecen más, como sucedió cuando presenté en la FIL de 1995 La Villa de Chapala y, al año siguiente, temblando de emoción, las Confesiones de Maclovia, seguida en el 2002 de Las batallas del General que es parte de la colección Grandes Novelas de la Historia Mexicana publicada por Planeta y Conaculta.

Luego, en el 2004 Juego de espejos, la antología de artículos periodísticos de la Editorial Ágora y la nueva versión de La Villa de Chapala, corregida, aumentada y ahora de bolsillo como ¡Salvemos a Chapala! (Diana) que entonces venía a cuento y, por último, en la FIL, en el 2010 las 6 versiones noveladas de 6 obras de Shakespeare pensando en las nuevas generaciones publicadas por Santillana. En enero del año que entra salen los 154 Sonetos de Shakespeare que presentaremos en la Casa del Poeta, donde vivió López Velarde en la Ciudad de México.

Pero hay otros libros que no han participado de este rito como son los 37 apuntes de las 37 obras de Shakespeare que escribí, edité y publiqué en El Globo Rojo de 2004 a 2010, como tampoco la versión bilingüe del Sueño de una noche de verano del 2015, ni la trilogía del 2016 formada por el Curso de Liderazgo que inspira y motiva, basado en Enrique V, la versión de la obra de teatro y los Apuntes, como tampoco el Juego de espejos entre Cervantes y Shakespeare para el seminario que ofrecí en el MUAC, pero, viéndolo desde otro punto de vista, el público al que me dirijo debe ser ‘muy’ selecto porque los tirajes son también ‘muy’ cortos.

Toda una vida escribiendo y publicando, tal como ahora celebro esta autobiografía en donde doy fe de las derrotas convertidas en victorias en medio de lo que hice y deshice durante esos años.
 

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