Lunes, 13 de Julio 2020
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Contar hasta diez

Por: Gabriela Aguilar

Contar hasta diez

Contar hasta diez

El pasado 26 de mayo, el gobierno federal lanzó una campaña con la que pretende dar respuesta al incremento de denuncias por violencia familiar, principalmente contra mujeres, que se ha registrado durante el confinamiento por la pandemia. Aumento que por cierto, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha negado constantemente. 

“Antes de que la violencia se apodere de ti, antes de que te enojes con tu pareja, antes de que te desesperes: cuenta, cuenta, cuenta. Cuenta hasta diez y saca la bandera blanca de la paz”. Esa es la línea de los spots que son dirigidos a las audiencias de radio y televisión. Resulta alarmante que en el imaginario de los responsables de la campaña, que fue presentada por el vocero de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, la mejor manera impactar a la población fue representando a una mujer que está a punto de perder el control y ser agresiva con su padre.  

Esta campaña no sólo es incompatible con los tiempos convulsos que ahora vivimos, pues como ya lo han mencionado especialistas, es un refrito de hace 40 años; carece de creatividad, innovación y, sobre todo, de sensibilidad y empatía con las víctimas directas e indirectas de estos crímenes. 

Jesús Ramírez dice que este llamado “antiguo, pero muy sabio” podrá frenar emociones y pasiones de violencia en las familias, lo que nos demuestra por enésima ocasión que desde el gobierno se minimiza el problema, se ignora al 78 por ciento de las víctimas de violencia familiar, que son las mujeres; se sigue considerando al tema como un asunto que compete a las familias, a las parejas, y no como un problema estructural, de salud pública, que amerita la participación de todas las instituciones con políticas y programas efectivos, progresistas, con enfoque de género, que garanticen acabar con la impunidad que es la aliada más poderosa de esta otra pandemia. De acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el número promedio de mujeres asesinadas por día subió de 10 a 11.

Pero si lo que quieren es que contemos, contemos hasta diez. Uno, Imelda Virgen (Guadalajara, Jalisco). Dos, María de Lourdes Ramírez Gómez (Puerto Vallarta, Jalisco). Tres, Tania Saldaña Martínez (Ciudad Juárez, Cihuahua). Cuatro, Vianey “N” (Huimanguillo, Veracruz). Cinco, Jacqueline “N” (Mapastepec, Chiapas). Seis, Minerva “N” (Aquismón, San Luis Potosí). Siete, Serymar Soto Azua (Matamoros, Coahuila). Ocho, Vanesa Gaytán (Guadalajara, Jalisco). Nueve, Mara Fernanda Castilla (Cholula, Puebla). Diez, Fátima (Ciudad de México). Aún así, de diez en diez, esta columna que escribo cada semana no me bastaría para nombrarlas a todas, las mujeres que han sido asesinadas en este país por motivos de género, a consecuencia del machismo estructural que padecemos. 

Y si bien, nombrarlas a todas contribuye a visibilizarlas, que nosotros contemos no nos protege de los actos de violencia que todos los días se cometen contra las mujeres. 
 

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