Martes, 04 de Agosto 2020
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Cómo superar la soledad

Por: Guillermo Dellamary

Cómo superar la soledad

Cómo superar la soledad

El miedo a sentirse solo ha perseguido a la humanidad desde tiempos inmemorables, de tal manera que hay autores que sostienen que tenemos un instinto gregario que nos impulsa a buscar estar con los demás de la tribu, y a temerle al aislamiento. 

Existe un dilema de fondo: o buscamos la libertad, la autonomía, la independencia y somos capaces de no someternos a la voluntad del colectivo y a sumirnos en sus caprichos u opiniones, o de plano nos entregamos a ser dependientes a los mandatos, costumbres y normas que nos impone el grupo. 

Parece que la mayoría de las personas decide esta última, y vive con un fuerte sentido de pertenencia y se entrega a la voluntad de los demás, se esmera en caer bien y en cumplir las expectativas, que cree, puedan tener de sí misma. En pocas palabras, vive buscando la aprobación y la inclusión; de lo contrario se siente rechazada y le gana el miedo a la tristeza y el sentimiento de abandono. 

Desde luego, hay muchas personas que encuentran mucho placer estando solas y toman la opción de apartarse de los demás, con tal de gozar el estar consigo mismas y a seguir explorando lo profundo de su propia identidad. De hecho, muchos artistas, literatos, pensadores y buscadores espirituales, han encontrado en la soledad una sutil y maravillosa experiencia que ha sido la fuente principal de su inspiración. Es la raíz de su creatividad. 

En cambio, cuando alguien sale corriendo en busca de su vecino para charlar, lo único que está haciendo es quererse escapar de sí mismo. Le temen, como señalaba F. Nietzsche, encontrarse con la bestia que llevan dentro. Es un particular miedo a lo desconocido de los propios impulsos y al temido lado oscuro, que todos tenemos. 

Se supera tomando la firme decisión de enfrentar tu miedo, como todos los demás, pues quedándose tirados en el suelo de los lamentos, atormentados como víctimas de la propia impotencia de poder seguir adelante, no sirve de nada. Es un camino seguro a la esclavitud. Se supera estando plenamente convencido de que es preferible conquistar la libertad y no vivir sometido al capricho de los demás, a su crítica y a la tortuosa idea del “qué dirán”. Estar seguro de que el premio en la soledad eres tú mismo, que podrás navegar en tu mundo interior, sin miedo a los oleajes, a las tormentas y a un destino incierto. Estar con la ilusión de que en la soledad se encuentra la fuente inagotable de la creatividad humana, pues es el verdadero manantial de la reflexión e inspiración. 

Al estar solo, descubres al gran amigo que tienes, a contar con la seguridad en ti mismo y a no volver a buscar a los demás, para que te amen y reconozcan. Vas a vivir de la plenitud de no pedir limosna, para que te arrojen los mendrugos de la conmiseración y la lástima. 

Al privilegio de gozar de las virtudes de la soledad no se le debe temer, sino buscar. Es la libertad frente a la esclavitud, es la alegría frente a la tristeza, es una compañía inagotable que no depende del capricho de los demás. 

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