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Miércoles, 15 de Agosto 2018

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Cada palabra pesa en “Clausura del amor”

Por: Iván González Vega

Cada palabra pesa en “Clausura del amor”

Cada palabra pesa en “Clausura del amor”

El teatro no es literatura, pero la literatura hecha para el teatro es un campo de enorme valor artístico. Es el caso de “La clausura del amor”, del director y dramaturgo francés Pascal Rambert, una obra muy popular en Europa desde su estreno en 2011 y que durante febrero de 2018 se presenta en Guadalajara (Estudio Diana, jueves y viernes, 20:00 horas). Los responsables son el grupo tapatío La Nada Teatro y su director, Miguel Lugo, que se han distinguido a lo largo de 10 años precisamente por defender el lugar de la palabra escrita en el teatro.

Y en el texto de Rambert no sobra ni una palabra: en él, los dos integrantes de un matrimonio hablan acerca del final de su relación, pero no en un diálogo, sino en dos monólogos. Han vivido juntos por años, han tenido hijos y sobrevivido a otras amenazas. Son, además, dos personas cultas: han rumiado por mucho tiempo cómo se sienten. Sobre todo son conscientes de que sus vidas están fundidas: separarse sería romperse. Sólo falta dar el último paso.

Ese último paso se da en el lenguaje: la separación existirá una vez enunciada, y desde entonces el lenguaje será como una cámara frigorífica vacía, donde ya no se oyen los gritos de los animales que iban al matadero porque de ellos sólo queda su sangre. Rambert hace que sus personajes asuman el irresistible peso de las palabras, que una vez dichas son tangibles para siempre. Ella lo define con sencillez: siente que las palabras le estallan, que se le caen de la boca, como frutas que se hubieran podrido.

La Nada Teatro enfrenta “Clausura del amor” con recursos escénicos muy similares a los de otros montajes, como la presencia limpia de los personajes en escena: dos personas igualadas por el vestuario y un escenario vacío. Los intérpretes son Andrés David y Erandi Rojas, y no tienen nada más que sus competencias verbales y físicas encarnar (poner en la carne) las ideas con que se atormentan sus personajes.

Pero atención: son dos monólogos de hora y media. Vivos, ardientes y estrujantes, pero largos textos al fin. Hay espectadores a los que esta invitación ahuyentaría en automático. Lo curioso es que, ante textos como éste, el teatro se vuelve muy interesante, incluso si fracasa. Andrés David y Erandi Rojas deben intentar una actuación muy compleja que puede romperse por lo más fino, precisamente porque cada palabra es una idea nueva, y provoca un estremecimiento único cada vez. Si ellos no son emocionantes, el texto no lo será. En la segunda función de esta temporada, el viernes 2 de febrero, el público del Estudio Diana aplaudió con mucho gusto.

Es difícil juzgar a los actores ante tamaño reto, pero debe decirse que los dos tapatíos son actores muy competentes y que, por eso, queda la sensación de que todavía pueden ir más lejos. En una obra tan cerebral y calculada, más queremos que los actores se entreguen por completo: si el texto ya está vivo, ¿qué va a darnos el actor?

La Nada Teatro agradecerá que el espectador se siente a ver y escuchar con atención “Clausura del amor” y decida si comparte la mordaz experiencia o si lo deja frío. Una sugerencia: apague el celular.

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