Miércoles, 27 de Enero 2021

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Biden, un paso atrás

Por: Jonathan Lomelí

Biden, un paso atrás

Biden, un paso atrás

I

En el éxito de un hombre están contenidos también sus fracasos y errores. Y el triunfo de Joe Biden, el hombre del momento, no escapa a este destello de ambivalencias.  

II

El Presidente electo número 46 de Estados Unidos inició su carrera como el sexto senador más joven de su país, en 1972, a los 29 años. Y culminará casi medio siglo después como el mandatario más longevo en alcanzar la Casa Blanca al cumplir 78 años el 20 de noviembre.

En medio fluye una vida como senador cinco veces y dos postulaciones previas a la Presidencia de Estados Unidos, en 1987 y en 2008.

En la primera era un senador de 45 años sobrepuesto a la trágica muerte de su esposa e hija, tres lustros antes, en un accidente de auto cuando acudían a comprar un árbol de Navidad. Se convirtió en un joven político que generaba empatía porque retuvo su escaño y crió a sus dos hijos sobrevivientes del accidente, Hunter y Beau –este último falleció de un tumor cerebral en 2015, otro duelo personal cuando ya era Vicepresidente–. Representaba también una bifurcación joven ante la desgastada política del republicano Ronald Reagen. Pero no resultó.     

Durante un debate en Iowa por la nominación demócrata, este discurso acabó con sus aspiraciones:

«Mientras venía aquí, reflexioné: ¿por qué Joe Biden es el primero en su familia en ir a una universidad? ¿Por qué mi esposa, que está sentada entre el público, es la primera de su familia en ir a la universidad? ¿Es porque nuestros padres y nuestras madres no eran brillantes? ¿Es porque fui más inteligente que el resto? ¿Es porque no trabajaron duro? (...) No. No es porque no fueran tan inteligentes. Es porque no tenían una plataforma sobre la qué pararse».

 

El escándalo sobrevino cuando la prensa reveló que el discurso había sido pronunciado antes por el político británico Neil Kinnock. Biden aceptó su error, pero cometió otro plagio al repetir, más tarde, fragmentos de un discurso de Robert Kenneddy. Comenzó así una avalancha de acusaciones. Incluso se filtró a la prensa el plagio que cometió en la escuela de leyes, pero «no intencionalmente», según aceptó Biden (sólo transcribió cinco páginas de otro autor sin citar la fuente).

Irritado ante su frustrada carrera presidencial, sepultó sus aspiraciones cuando la TV difundió un video en donde, interpelado por un votante en New Hampshire sobre sus credenciales universitarias, Biden reviró: «Probablemente tengo un coeficiente intelectual mucho más elevado que el tuyo». Una estela irritable y autoritaria persigue su carrera desde entonces.

En 2008, sus declaraciones prejuiciosas sobre las altas tasas de contagio de VIH en las comunidades afroamericanas y la asunción de que su rival demócrata, Barack Obama, era el primer afroamericano «limpio» y «articulado» en buscar la Presidencia, descarrilaron su carrera a la Casa Blanca. Pese a ello, Obama lo invitó a la Vicepresidencia en donde desempeñó un papel entregado y oficioso.

III

A la luz de estos fracasos y el logro de haber sobrevivido a cinco décadas de política norteamericana para llegar al fin a la Casa Blanca, vale preguntarse:

¿Es Joe Biden el simple portador de un anhelo antitrump traducido en 75 millones de votos? ¿O es el pensador brillante, el ideólogo que traza una ruta de salida para un país?

Biden representa ese regreso a la «normalidad» que Donald Trump y la pandemia le arrebataron a millones en Estados Unidos y en el mundo. Pero también encarna el establishment de la política estadounidense. Es todo menos un disruptor o forajido del estatus quo. Se trata, por tanto, de una vuelta al pasado. De un paso hacia atrás.

El voto por Biden, al final un voto contra Trump, es un anhelo por volver a la ficción social de que las cosas, con algunos altibajos, funcionaban en una democracia. Aunque no sea así. Y allí radica la esperanza y el riesgo. Porque ese anhelo recae en un político mediano que lidiará con un país partido en dos.

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