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Sábado, 14 de Diciembre 2019
Ideas |

¡Bájenle!... ¿qué tanto es tantito?

Por: Cuauhtémoc Cisneros Madrid

¡Bájenle!... ¿qué tanto es tantito?

¡Bájenle!... ¿qué tanto es tantito?

Tremendo revuelo ha causado la nueva Ley Federal de Remuneraciones propuesta por el Presidente Andrés Manuel López Obrador al grado de provocar un serio desacuerdo con los representantes del Poder Judicial, quienes se niegan a solidarizarse con la medida, pero la verdad de las cosas es que ante la situación que se vive, no sólo los servidores públicos de todos los niveles, sino que empresarios, comerciantes, profesionistas y demás actores de la sociedad también debieran de bajarle, “aunque sea tantito” a su ambición, pues no sólo se trata de percepciones institucionales, sino de que la austeridad se dé en todos los ámbitos.

Los gobiernos federal y estatales, seguidos por los municipales hacen toda una alharaca con sus pronunciamientos por unos cuantos miles de pesos que se disminuirán, aunque ahí no está el meollo del asunto, porque sería preferible y deseable que en lugar de la disminución de sueldos anunciada, se avocaran a cumplir con la ley en todos sus rubros, no hacer negocios personales, ni favorecer sólo a sus “cuates”; eliminar a los “aviadores” existentes en los tres Poderes, así como los “empleados simulados” que, si bien es cierto que asisten, no tienen la capacidad para desarrollar las funciones encomendadas.

La suma de todos estos “pequeños detalles” arroja cantidades exorbitantes -muy superiores a los cálculos del beneficio anunciado con la Ley- a juzgar por las grandes fortunas amasadas por algunos de éstos funcionarios y seudoservidores públicos que hoy pretenden rasgarse las vestiduras. Bastaría con que las instancias respectivas le dieran un seguimiento real a los bienes con que cuentan para darse cuenta de la incongruencia de tanto aspaviento.

APUNTE

¿Se acuerdan de: El que a hierro mata…? Bueno, pues así como el 1 de diciembre el Presidente Andrés Manuel López Obrador se regodeó, vamos, se dio gusto, cuando puso en el “banquillo de los acusados” a Enrique Peña Nieto, y en su propia cara -como debe de ser- le dijo lo que pensaba del Gobierno de aquél y de todos los que le antecedieron por lo menos en las últimas tres décadas, minutos que seguramente fueron de los peores vividos por una persona, pues incluso no tenía ninguna oportunidad de réplica. Pues bien, en la semana próxima pasada López Obrador fue ubicado en el mismo sitial, por el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Luis María Aguilar Morales, quién también de frente le hizo ver la importancia del respeto que debe de existir entre los integrantes de los diferentes poderes constitucionales, razón que llevo al Ejecutivo y sus cercanos a abandonar el recinto, sin siquiera quedarse a degustar la comida de cortesía que es toda una tradición, como símbolo de respeto y cortesía entre los Poderes de la Unión -y tampoco los representantes del Legislativo se quedaron-.

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