Martes, 02 de Junio 2020
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Agua, el auténtico monarca

Por: Diego Petersen

Agua, el auténtico monarca

Agua, el auténtico monarca

En La encantadora de Florencia del escritor nacido en Bombay, Salman Rushdie, el personaje principal, un aventurero florentino del siglo XVI, reflexiona ante un atardecer dorado que, al reflejarse en el agua, hace ver al lago como una gran fuente de riqueza, una incalculable reserva de oro líquido:

“Sin agua, nada somos. Hasta el emperador, privado de agua, se vería reducido a polvo. El agua es el auténtico monarca, y todos somos sus esclavos”.

Estamos tan acostumbrados en las ciudades de los siglos XX y XXI a tener agua corriente, a abrir la llave y escuchar el chorro, a que el agua llegue hasta nuestras casas, escondida, subterránea, silenciosa sin que sepamos cómo sucede, que ni siquiera nos interesamos en el entramado milagroso que bajo nuestros pies distribuye el agua casa por casa, departamento por departamento, cuarto por cuarto. 

El agua, nos han dicho los políticos y así está en las constituciones y leyes, es un servicio que nos merecemos por el simple hecho de haber nacido, por ser mexicanos. Aunque luego nos damos cuenta que no es así, que o bien hay unos más mexicanos que otros, pues hoy día hay millones de compatriotas sin acceso seguro al agua, que abren la llave y lo que escuchan a través de la tubería es una tos lejana, como un quejido de la propia tierra en un ataque de sed, pero no sale una gota, o simplemente no tienen agua entubada y su vida depende de fuentes cada vez más lejanas, escasas y contaminadas.

Escuchamos cada vez con más frecuencia discursos sobre el agua, desde los integrados que plantean la necesidad de reconocer su importancia hasta apocalípticos que auguran guerras.

Durante los últimos años, de mediados del siglo XIX a la fecha, el monarca se dejó hacer. Los súbditos pensamos no sólo que podíamos domarla, llevarla y traerla a nuestro antojo, sino que el agua estaría ahí, dócil, obedeciendo al capricho del hombre y la tecnología, que podíamos llevar agua al desarrollo y no al revés. Hoy el agua vuelve a imponerse, pero seguimos lejos de entender que los imperios sin agua se vuelven polvo. Aceptamos su precio, somos capaces de pagar lo impensable por una botella de agua embotellada, porque la hemos convertido en mercancía, pero estamos lejos, muy lejos de reconocer su valor.

Escuchamos cada vez con más frecuencia discursos sobre el agua, desde los integrados que plantean la necesidad de reconocer su importancia hasta apocalípticos que auguran guerras. Lo cierto es que hoy cada día es más complejo acercar un metro cúbico más de agua a las grandes ciudades y que las comunidades padecen la escasez. Que eso que dábamos por descontado, que el agua iba a estar siempre ahí a nuestro servicio y sólo era cosa de almacenarla, entubarla, y distribuirla fuera para riego o para consumo humano e industrial dejó de ser cierto. 
O encontramos una nueva forma de gestión del agua donde ésta sea el centro, donde metafóricamente, el agua sea el monarca y nosotros sus esclavos, o muy pronto seremos polvo.

diego.petersen@informador.com.mx

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