Domingo, 31 de Mayo 2020
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Adiós al amigo

Por: Eugenio Ruiz Orozco

Adiós al amigo

Adiós al amigo

En medio de una terrible realidad, ahora que estamos obligados a pensar en todo aquello que debemos hacer para apoyar a quienes más lo necesitan, hago un paréntesis para despedir al amigo. 

Como aquí comenté, hace unas semanas estuve en Sevilla. Fui con dos propósitos: asistir a la entrega de la medalla al mérito que la Cámara de Comercio hizo a Miguel Sánchez Montes de Oca y visitar al amigo enfermo, Manuel Del Valle Arévalo, ex Alcalde de Sevilla.

Hoy, el río de la vida de Manolo ha mezclado sus aguas con las del océano infinito.

El último día que estuve con él, abrazados me dijo: “Eugenio, tal vez éste sea el último abrazo que nos demos. Quiero decirte gracias porque viniste a despedirte de mí, gracias por los bellísimos momentos que compartimos en Sevilla y en Guadalajara pero, sobre todo, gracias por ser mi amigo”.

Pensé mucho para escribir esta columna. Soy un hombre afortunado, tengo muchos y muy buenos amigos, qué decir de mi entrañable compañero José Herminio Jasso o mi querido doctor Polo Rodríguez, mi ángel de la guarda; Memo Lara, Carrasco, Castañeda, Gallo, Morquecho, Francisco Padilla, con quienes he caminado décadas, la lista es enorme. No quiero ser omiso y dejar de mencionar a ninguno. Sin embargo, tampoco puedo pasar por alto la muerte de un amigo excepcional. 

Hoy, porque los años pasan, aparecen las debilidades, se manifiestan las enfermedades, el cuerpo pasa factura, aun con los que, como Manolo, fueron ejemplo de orden, rectitud y buen comportamiento.

Se ha cerrado un círculo virtuoso. A la muerte no hay que temerle, sin ella no sabríamos qué es la vida. A lo que hay que tenerle no miedo, pánico, es a la incapacidad para entender el enorme privilegio que es vivir. A lo que hay que temer es a caminar sin rumbo, sin horizonte, sin destino, sin ilusión, sin amor.

Hace muchos años, en San Francisco, encontré un cartel con un poema que decía:

“Solos llegamos,
Solos nos vamos,
El tiempo llamado vida
significa compartir.”

Me impresionó que en tan pocas palabras pudiera sintetizarse el sentido de la vida. Agrego de mi cosecha que compartir es el mayor privilegio entre los humanos y que es la amistad el mayor de los tesoros.

Pienso, también, que debemos categorizar las relaciones. Separar el trigo de la paja.

Bajo esta idea podríamos decir que en el camino se encuentran los oportunistas, se suben y se bajan del tren según sus intereses; los compañeros, con quienes por razones de coyuntura se comparte un tramo de la vida; los cofrades, afines a un compromiso partidista o sectario; los colaboradores, aquellas personas que por su talento, prestigio o desempeño son invitados a participar de una responsabilidad y los amigos, sí, los amigos, aquellos con los que compartimos valores, afectos, lealtades, ideales, ilusiones, compromisos, preocupaciones, luchas, éxitos y fracasos.

Manolo perteneció a este último linaje.

Desde esta lejana tierra, tan cercana a su corazón, le decimos hasta luego. Algún día nos reencontraremos.

eugeruo@hotmail.com
 

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