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Miércoles, 18 de Septiembre 2019
Ideas |

Acueductos

Por: Arq. Leopoldo Fernández Font

Acueductos

Acueductos

Dada la importancia de que las ciudades contaran con agua suficiente, potable, personajes de la civilización romana investigaron, propusieron y dieron normas para la construcción de acueductos, para la localización de veneros, perforación de pozos, galerías de captación, etc. Marco Vitrubio Polión, (siglo I AC) arquitecto posiblemente romano, escribió un tratado de arquitectura y ciencias de la construcción, Los Diez Libros de Arquitectura de Vitrubio, en cuyo Prólogo, dice a Cesar Augusto:

“…no me resolvía a presentarte estos escritos de Arquitectura, trabajados con el mayor desvelo…”, “…pero advirtiendo que no sólo ocupa tu cuidado el bien común y feliz estado de la República, sino también la comodidad de las obras públicas, para aumentar la ciudad no sólo sujetando Provincias a su dominio, sino también para que a la magnitud del Imperio corresponda la magnificencia de los edificios, determiné no diferirlo…”, “…y porque en lo venidero cuidaras que las obras publicas y particulares sean conformes a la grandeza de tus hazañas, para que su memoria quede a la posteridad, puse en orden estos ajustados preceptos a fin de que teniéndolos presentes, puedas saber por ti mismo la calidad de la obra hecha; pues en ellos explico todas las reglas del Arte”.

En el Libro Octavo, dedicado al agua. “…siendo pues sentencia de físicos , filósofos y sacerdotes, que todas las cosas se componen de agua, juzgué que habiendo dado en los siete libros antecedentes las reglas para los edificios , convenía dar en éste, las reglas de hallar el agua, el modo de conducirla, y finalmente el de conocer su bondad , siendo como es tan necesaria para la vida”.

ESPECIAL

En el Capítulo primero “del modo de hallar el agua” cuando no visible, da instrucciones precisas para identificar, por medio de la vegetación, animales y geología del lugar, los sitios donde se le puede encontrar.

El Capítulo segundo habla de ventajas y beneficios del agua llovediza.

En el tercero y cuarto, describe propiedades de algunas fuentes: aguas medicinales, aguas que purgan, aguas que envenenan y relata que algunas cuentan con una lápida con epigramas de advertencia:

“mira esta agua temible, ó pasagero;

Baña en ella tu cuerpo libremente;

Pero si su cristal a beber llegas;

Luego que la probares con tu labio;

Se te caerán los dientes cortadores;

Y hasta las muelas dexarán su asiento”

En el Capítulo quinto instruye probar y asegurar la calidad del agua: “antes de emprender su conducción obsérvese cuidadosamente qué constitución y hábitos de cuerpo tienen las gentes que habitan el contorno y si fueren robustas de miembros, de buen colorido, sanas de piernas, y sin lagañas en los ojos…”.

En el sexto plantea la necesidad de hacer nivelaciones, cómo hacerlas para conducir el agua a su destino.

En el séptimo trata sobre la conducción del agua; “…de tres maneras se conduce el agua, o corriendo por canales, de preferencia techados, o con encañados de plomo o con arcaduces de barro…” “…dando al lecho por donde corre no menos de medio pie de caída en cada ciento de viaje…”.

Da instrucciones para llegando el agua a la ciudad se construya “el arca de agua” con un sistema de distribución de tres redes, la primera para los lagos y fuentes públicas, la segunda para los baños y la tercera para las casas particulares, el sistema garantiza la distribución para la red pública por medio de diferentes niveles de salida en el “...arca de agua” y señala; “…pagando el derecho a los arrendadores”.

 Describe y recomienda cómo hacer el sistema de conducción; si el agua puede canalizarse se construirá acueducto, canal con bóveda y pozos de visita, “…no será ocioso hacer cambijas a cada 200 actos, para que si se descompusiere alguna cosa, no haya que romper todo…” e instruye para la conducción con “encañado” de plomo o “arcaduces” de barro cocido.

Advierte que el agua que viene en encañado de plomo es menos saludable “…pues podemos sospecharla viciosa… dañosa según dicen, al cuerpo humano…”, “…por lo que parece, se deben huir los conductos de plomo”…

Para terminar este Capítulo, Vitrubio instruye cómo aprovechar el agua de los tejados y cómo buscarla en el subsuelo, cómo hacer la excavación, cuidándose de “…violentas olas de aire, que corriendo corrupto por sus venas… al tocar a los excavadores les tapa la respiración con su vapor natural y los que no se salen, mueren ahí mismo”.

*El Arquitecto Fernández Font es Académico Emérito de la Academia Nacional de Arquitectura y miembro del CTC (Consejo Técnico Ciudadano).

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