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Miércoles, 23 de Mayo 2018

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Acorralados

Por: Diego Petersen

Acorralados

Acorralados

Javier Corral tiró el anzuelo y el Gobierno lo mordió. Hoy quien tiene el control del juego es el gobernador de Chihuahua y, como en la pesca, entre más se mueva y se resista el Gobierno federal más se ensartará en la línea del pescador. Corral no tiene prisa por subir a su presa al bote, tiene de aquí a julio para divertirse, jalar, darle cuerda y dejar que el Gobierno federal brinque, salte, salga del agua, se muestre y pelee. De eso se trata el juego, de que la batalla dure lo más posible, que el Gobierno federal lo ataque y se vaya generando en la opinión pública una disyuntiva: ¿quién tiene razón, el gobernador de Chihuahua, Javier Corral o el Gobierno de Peña Nieto y su candidato Meade?

Los priistas y algunos de sus agoreros han salido a gritar que la batalla del gobernador de Chihuahua es “electorera”. ¡Hombre, qué descubrimiento! Por supuesto que lo es, como todo lo que suceda en política durante el primer semestre de este año. La diferencia estriba en que, si el gobernador de Chihuahua logra probar, o al menos sembrar en la opinión pública, que el dinero desviado por César Duarte fue a las campañas del PRI en 2016, será un misil directo a la campaña de José Antonio Meade y uno de esos que pegan debajo de la línea de flotación y que provocan el irremediablemente hundimiento del barco atacado.

Lo que está haciendo Javier Corral, y detrás de él el Frente, es tratar de establecer en la opinión pública que la corrupción está directamente vinculada al PRI y a la forma en que este partido gestiona el poder

La campaña de Meade como candidato del PRI se basa en una premisa: no negamos que en el PRI haya corruptos, como en todos los partidos, pero nuestro candidato es más decente que una monja de encierro. Lo que está haciendo Javier Corral, y detrás de él el Frente, es tratar de establecer en la opinión pública que la corrupción está directamente vinculada al PRI y a la forma en que este partido gestiona el poder, incluyendo al candidato impoluto. Por ello, cada vez que el Gobierno le responde a Corral, sea en voz del secretario de Hacienda, del Presidente o del candidato del PRI, el Frente gana en su estrategia. La discusión sobre si el Gobierno federal está castigando a Chihuahua y si le debe 700 o mil millones es totalmente secundaria, es la victimización que hace creíble, que acompaña el tema de fondo, la desviación de recursos del Gobierno de César Duarte al partido.

La apuesta de Corral es muy simple: si gana el Frente tendrá facturas que cobrarle a Ricardo Anaya. Si gana López Obrador, éste ya sabe con quién se topa. Y, si gana Meade, es desde ya el gobernador incómodo, el líder de la oposición. Los tiene literalmente acorralados.

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