Lunes, 19 de Abril 2021

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A los 125 años de Juan Palomar y Arias: una columna rescatada de 1950 (I)

Por: Juan Palomar

A los 125 años de Juan Palomar y Arias: una columna rescatada de 1950 (I)

A los 125 años de Juan Palomar y Arias: una columna rescatada de 1950 (I)

GUADALAJARA Y SU ARQUITECTURA

No tenemos humildad falsa, queremos no sólo mostrarnos en nuestros diversos aspectos con ocasión de nuestra próxima Feria Industrial de Jalisco, sino hacer un desagravio: queremos incorporar Guadalajara, la capital, a las ciudades, villas y pueblos de su Jalisco; queremos que el estado realmente criollo, como realmente criolla es Guadalajara, sea homogéneo. Que ese macrocefalismo material, que lo mismo es México respecto de las capitales de Estado, que Guadalajara respecto a sus poblaciones jaliscienses, cese. Es cierto que en varios Estados algunas ciudades, no capitales, son más importantes que la cabecera, como Veracruz respecto de Jalapa, Tampico respecto de Cd. Victoria, León respecto de Guanajuato, pero en lo general el caso es el mismo: demasiada diferencia de ciudades a pueblos, lo que hace concentrar demasiado vida e importancia en ciudades y lleva al abandono de pueblos.

Somos criollos en Jalisco, tenemos mitigada la pasión del español sin perder muchas de sus cualidades de espíritu y disminuidos ciertos fatalismos y falta de ambición indígenas compensados por una habilidad innegable en artesanía y ejercicio de la mecánica.

Fuimos un pueblo agrícola, con concentración en Guadalajara. No hubo la riqueza comercial, administrativa o minera de otras poblaciones fastuosas. Las circunstancias actuales, empero, la está modificando con la actividad moderna y la industria. Esa esencia agrícola, que significa una vida más pausada, contribuyó a darnos más homogeneidad. El alejamiento de la capital y de los centros de comercio costero o fronterizo o de la minería que acumula riqueza ha evitado muchas influencias violentas y permitido más estabilización, y como decíamos, que el Estado y su Capital sean de las regiones y poblaciones más mexicanas.

Decimos que es un estado criollo y lo probamos, porque aunque hay núcleos indígenas puros, maleables y asimilados como en Tuxpan, alzados y de más fácil asimilación como los huicholes al noroeste del estado, y al mismo tiempo núcleos casi puros españoles, como en los Altos, en todo lo demás en general la integración está hecha.

Como en todo México, el fatalismo exasperado llevó a la Revolución y la defensa exasperada del orden salvó el honor con la rebelión cristera.

El aspecto general criollo se refleja en nuestro aspecto arquitectónico: criollo significa de ascendencia cultural hispánica, humanista y cristiana, matizada, desde luego, por influencias autóctonas, pero no muy sensibles. Lo que tenemos de cultura india no figura casi en lo estructural, los monumentos antiguos son casi inexistentes, algunas pirámides rudimentarias, artefactos desenterrados indicios de excelente artesanía perpetuada hasta ahora. Tampoco somos ni demasiado españoles ni somos coloniales, sí tenemos estructuras de varios tipos, pero salvo pocas excepciones, no son complicadas. Se ha visto la vida de Jalisco con simplicidad y equilibrio. Los pueblos no son pintorescos al exceso, son agradables, sencillos, limpios.

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