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Martes, 11 de Diciembre 2018

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A “La Chingada” se fue el Presidente electo más activo de la historia

Por: Jaime Barrera

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Tras casi cinco meses de un hiperactivismo como Presidente electo insólito en la vida política del país, Andrés Manuel López Obrador decidió por fin darse un respiro de tres días antes de asumir el próximo sábado la Presidencia de la República.

Optó por irse ayer a “La Chingada”, nombre de la finca de descanso que tiene no en su tierra natal Tabasco, sino en Palenque, Chiapas, desde donde habrá que ver si de verdad evita enviar algún nuevo pronunciamiento antes que le pongan la renovada banda presidencial, a la que pidió al Congreso regresar el color verde a la franja superior, para estar en consonancia con la bandera nacional (en 2009 el Presidente Felipe Calderón pidió a su bancada panista reformar el Artículo 34 de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional, promulgada en 1984, para que el águila sobre el nopal devorando a la septiembre no dirigiera su mirada al rojo, por representar la sangre que los mexicanos derramaron por su Independencia).

Hombre al que le gusta echar mano de múltiples simbolismos en su comunicación cotidiana, hasta ese detalle mandó adecuar antes de poner punto final a una intensa agenda que inició prácticamente el mismo día que ganó la elección el 1 de julio, y que casi borró de la escena pública al Presidente saliente Enrique Peña Nieto.

La pregunta obligada es si ese protagonismo exacerbado le sumó o le restó al tabasqueño que al tercer intento y tras mantenerse en campaña prácticamente 12 años, logró cumplir su sueño de llegar a Palacio Nacional con una cifra récord de más de 30 millones de votos, y postulado por una alianza que encabezaba el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), un partido político que fundó apenas en el 2014 luego de romper con el PRD, que lo postuló en 2006 y en 2012, y que ahora está a punto de desaparecer.

A juzgar por algunas mediciones publicadas esta misma semana previo a su toma de protesta, como la del periódico El Universal, el haberse convertido sin serlo, en un virtual Presidente en funciones, sí desgastó la popularidad y la imagen del líder del autollamado Gobierno de la 4T (Cuarta Transformación).

Su aprobación bajó 9 puntos al pasar de un 64.6% en agosto al 55.6% en noviembre. En ese mismo lapso, su calificación como Presidente electo bajó de 7.4 a 6.8 en la escala de 1 a 10. La expectativa de cumplimiento de promesas disminuyó de 64% a 49. Mientras que los que aseguraban que con AMLO México mejoraría pasaron de 7 a 6 de cada 10. Y lo peor, se duplicó el porcentaje de quienes creen que el país empeorará con su liderazgo al pasar de 6.5 a 12 por ciento.

Pese a esta baja en su popularidad y confianza, AMLO asumirá el poder el sábado con una aprobación de más del 50% y con una legitimidad incuestionable, aún con toda la incertidumbre que generó por algunas decisiones tomadas en los últimos cinco meses y que analizaremos mañana.

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