Domingo, 25 de Octubre 2020

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1920: ¿qué es un siglo? (I)

Por: María Palomar

1920: ¿qué es un siglo? (I)

1920: ¿qué es un siglo? (I)

Volver la vista cien años atrás muestra, paradójicamente, qué cerca y qué lejos está ese año de 1920, del cual ya no queda memoria viva. Y sin embargo conocimos a muchos para quienes estaba fresco en el recuerdo, y por supuesto que en bibliotecas y hemerotecas se puede recuperar esa historia, aunque sea parcialmente. Pero esas efemérides ahora centenarias se leen a lo lejos como un curioso rompecabezas.

El benemérito Calendario de Galván, ahora en su edición número 194, reproduce al principio una selección de los hechos que marcaron en México el año de 1920. ¿Qué muestra ese vistazo a ojo de pájaro? Para empezar, un montón de sucesos nefastos (aunque no hay que olvidar que las cosas positivas por lo general no llaman tanto la atención y se consignan menos).

Comienza el año, el 3 de enero, con un espantoso terremoto que castiga sobre todo al Estado de Veracruz, con centenares de muertos y pérdidas inmensas (el pasado 28 de diciembre El Universal reprodujo su cobertura de ese desastre).* Los temblores se repiten con fuerza, sobre todo el día 22. Por si eso fuera poco, a principios de febrero se declara la epidemia de influenza, la terrible “gripe española” que desde 1918 azotaba a distintos países y que se calcula que causó alrededor de cuarenta millones de muertes en el mundo cuando desapareció por fin en 1920. En la ciudad de México, el 27 de febrero se clausuran teatros, cines, templos y demás lugares de reunión, que no abrirán de nuevo hasta el 6 de marzo. En el mismo tenor, entre finales de mayo y principios de agosto hay peste bubónica en Veracruz, por lo que se cierra el puerto. Le toca a Guadalajara su ramalazo el 6 de agosto con un huracán, y luego a Tampico, con un incendio feroz el 17 de septiembre.

En cuanto a los desastres resultado de la acción humana, hubo muchos. En medio todavía del montón de revolufias que luego se han empeñado en hilvanar como “la revolución”, empezó el año con el torvo Carranza en la presidencia y con levantamientos en su contra encabezados por personajes no menos oscuros. En abril, el estado de Sonora, ofendido en su soberanía por el envío de tropas federales, se subleva contra el gobierno y pone al frente de las fuerzas estatales al protervo Elías Calles (que en febrero había renunciado como miembro del gabinete de Carranza). Los sonorenses invaden Sinaloa y toman Culiacán. Al ir cundiendo la revuelta, el 7 de mayo el presidente huye rumbo a Veracruz, acosado por los rebeldes. El 21 lo asesinan en la sierra de Puebla, en una más de las páginas negras de la desastrosa época revolucionaria. El Congreso nombra el 24 a Adolfo de la Huerta como presidente provisional que concluyera el periodo de Carranza.

Dato curioso: a De la Huerta se le ocurre nombrar “Agente Confidencial de México en Europa” al periodista Félix Palavicini, que en su peculiar misión (buscando el reconocimiento del nuevo gobierno) se pasea de lo lindo por aquel devastado paisaje de posguerra: es recibido por el Ministro de Exteriores de Gran Bretaña (12 de julio), el Rey de Bélgica (24 de agosto), el Rey de España (6 de octubre) y el Presidente de Francia (27 de octubre). Suponemos, aunque habría que averiguarlo, que se le acabó el veinte con la toma de posesión de Obregón el 1º de diciembre.

* https://www.eluniversal.com.mx/cultura/el-terremoto-que-sacudio-hace-100-anos-veracruz-y-puebla

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